Europa se defiende, por Fernando Mires
Europa se defiende, por Fernando Mires
Cuando una guerra, aún sin ser mundial alcanza dimensiones mundiales, la polÃtica es sobredeterminada por la guerra y no la guerra por la polÃtica, como creyó en su tiempo el barón Von Clausewitz.
Cuando una guerra, aún sin ser mundial alcanza dimensiones mundiales, la polÃtica es sobredeterminada por la guerra y no la guerra por la polÃtica, como creyó en su tiempo el barón Von Clausewitz.
Cada elección, no solamente nacional, también las de Ãndole parlamentario, regional, e incluso comunal, es seguida en tiempos bélicos con mucha atención pues sus resultados no son ajenos a la configuración del orden mundial.
Bajo esas circunstancias se miden no solamente intereses partidarios sino, además, representaciones de los bandos internacionales implicados en la guerra.
Si en cualquier paÃs del mundo las elecciones son ganadas por los partidarios de Putin o de Trump, estos últimos las anotarán en la cuenta de sus ganancias o pérdidas, no solo polÃticas sino también militares.
Eso quiere decir que la polÃtica en tiempos de guerra no desaparece sino, al contrario, es convertida en instrumento al servicio de la guerra. Es por eso que Trump se alegra mucho cuando los partidos de la llamada ultraderecha ganan elecciones en Europa y en América Latina.
En periodos crÃticos como los que estamos viviendo cada triunfo electoral del trumpismo es visto por el presidente norteamericano como una suerte de anexión polÃtica, útil a los intereses geoestratégicos de su nación.
El hecho de que haya intervenido económicamente en Argentina para asegurar el triunfo de Milei en las parlamentarias, muestra la importancia que concede Trump a la agenda polÃtica del continente cuando se trata de asegurar la solidez de «»su»» hemisferio occidental. Lo mismo pasa con Putin.
El hecho de que haya intervenido económicamente en Argentina para asegurar el triunfo de Milei en las parlamentarias, muestra la importancia que concede Trump a la agenda polÃtica del continente cuando se trata de asegurar la solidez de «»su»» hemisferio occidental. Lo mismo pasa con Putin.
Los grandes éxitos de la ultraderecha putinista (y trumpista) serán vistos por el tirano ruso como puntos a favor de la invasión rusa a Ucrania.
Por esa razón Putin ha intervenido en elecciones como las de Bielorrusia, Eslovaquia, Georgia, y, con toda seguridad lo hará en las de abril del 2026 en HungrÃa. Lo aparentemente insólito es que en Europa, Putin y Trump comparten los mismos aliados.
Un triunfo de la ultraderecha en cualquier parte de Europa es celebrada por el autócrata ruso y por el autoritario norteamericano a la vez. Puede ser que en Oriente Medio, Trump y Putin estén en desacuerdo, pero en Europa son aliados. Trump, bajo esas condiciones, no puede ser el intermediario adecuado entre Rusia y Ucrania. En el hecho, nunca lo ha sido.
Al que no parece importar demasiado las guerras es al jefe del tercer imperio: China.
Al que no parece importar demasiado las guerras es al jefe del tercer imperio: China.
Visto asÃ, China aparece como un imperio más moderno que los de Rusia y EEUU. Hasta el momento China no está imbricada en ningún conflicto territorial y ha decidido «»congelar»» sus pretensiones en Taiwán, mucho más legÃtimas en todo caso que las de Putin en Ucrania o las de Trump en Groenlandia.
Con relación a Ucrania Xi se ha limitado a apoyar a Putin, pero solo desde lejos y con cierta sobriedad. Además China no tiene ni busca aliados al interior de los sistemas partidistas occidentales.
En nuestros lares no hay partidos «»xiÃstas»» como sà hay partidos putinistas o trumpistas. Su expansión la busca China en otras esferas: en la de la tecnologÃa, en la de las ciencias digitales y, sobre todo, en el comercio y en las finanzas.
China se ha convertido asà en el principal acreedor del mundo y espera seguir siéndolo hasta llegar el punto en que su dominación económica será tan determinante que le permitirá dictar reglas polÃticas y jurÃdicas en el espacio mundial sin hacer uso de destacamentos militares que, de seguro, son cada vez más modernos y eficaces.
A China podrÃamos llamarla «»el imperio silencioso»». Avanza, crece, endeuda a naciones completas y las ocupa con sus productos hechos para satisfacer los gustos más ordinarios y lo más exquisitos de los ciudadanos occidentales.
A China podrÃamos llamarla «»el imperio silencioso»». Avanza, crece, endeuda a naciones completas y las ocupa con sus productos hechos para satisfacer los gustos más ordinarios y lo más exquisitos de los ciudadanos occidentales.
Tampoco China se interesa demasiado por los resultados de las elecciones en Occidente. Gane la ultraderecha, el centro, la izquierda, da lo mismo a Xi. Lo importante es que Occidente y Oriente compren a, y se endeuden con China.
La diferencia de China con los otros dos imperios serÃa entonces es la siguiente: Mientras a la Rusia de Putin y a los EEUU de Trump interesan los espacios territoriales, a la China de Xi interesan, antes que nada, los espacios globales.
Eso no significa, que en la competencia que están librando los tres imperios, China será el vencedor.
La historia está llena de vericuetos y todo pronóstico está fuera de lugar. Por eso, en todo análisis vale más la pena concentrarse en hechos.
La historia está llena de vericuetos y todo pronóstico está fuera de lugar. Por eso, en todo análisis vale más la pena concentrarse en hechos.
En el momento hay dos hechos incontrovertibles. El primero es que en América Latina las fuerzas polÃticas pro-Trump están ganando el partido y, si la tendencia continúa, lo harán por goleada.
Incluso me atreverÃa a afirmar que las fuerzas pro-Trump son más poderosas en América Latina que en los propios EEUU. No quiero aquà indagar las razones de ese fenómeno, pero sospecho que eso se debe a que en los EEUU las tradiciones democráticas son más profundas que las que imperan en América Latina.
El segundo hecho indiscutido es que en Europa, si bien los partidos trumpistas y putinistas han alcanzado el gobierno en tres paÃses (HungrÃa, Eslovaquia y Serbia), tendencia que probablemente continuará porque si bien el crecimiento de esos partidos no ha tocado techo en ninguna parte, la resistencia democrática continúa, de modo que el antagonismo entre democracia y autocracia permanecerá presente por un tiempo largo.
La tendencia que lleva al poder al autoritarismo trumpista y o putinista en Europa comenzó a ser ligeramente frenada a partir de octubre de 2025 en los PaÃses Bajos, cuando las encuestas daban por sentada una victoria aplastante del Partido por la Libertad (PVV) del lÃder xenófobo Geert Wilders.
La tendencia que lleva al poder al autoritarismo trumpista y o putinista en Europa comenzó a ser ligeramente frenada a partir de octubre de 2025 en los PaÃses Bajos, cuando las encuestas daban por sentada una victoria aplastante del Partido por la Libertad (PVV) del lÃder xenófobo Geert Wilders.
Los partidos democráticos reunidos alrededor del Partido Liberal Progresista de Rob Jetten (D66) han logrado formar desde enero del 2026 un gobierno de minorÃa.
El freno al radicalismo de ultraderecha holandés ha sido evaluado por algunos columnistas como una vÃa que podrÃa ser utilizada en otros paÃses europeos, a saber, la formación de bloques democráticos donde puedan tener cabida todas las fuerzas opuestas al avance del nacional-populismo.
VÃa que hace recordar a los frentes populares europeos formados en la década de los treinta para detener el avance del fascismo. Pero las apariencias engañan. Los frentes populares antifascistas fueron formados a iniciativas de los partidos comunistas y socialistas.
En cambio, los actuales frentes electorales europeos, como el de los PaÃses Bajos, surgen como iniciativa de los partidos del centro polÃtico. Esa diferencia es muy importante.
En cambio, los actuales frentes electorales europeos, como el de los PaÃses Bajos, surgen como iniciativa de los partidos del centro polÃtico. Esa diferencia es muy importante.
Una tendencia muy similar a la de los PaÃses Bajos apareció en las elecciones generales de Dinamarca, el 24 de marzo del 2026.
Una tendencia muy similar a la de los PaÃses Bajos apareció en las elecciones generales de Dinamarca, el 24 de marzo del 2026.
La baja de los socialdemócratas de Mette Frederiksen, al perder la mayorÃa absoluta, se vio compensada por la leve mayorÃa formada por los partidos de centro-izquierda, liberales y conservadores.
Eso quiere decir que el futuro gobierno de la socialista Frederiksen será mucho más demócrata (o centrista) que socialdemócrata. Los partidos del centro liderados por figuras como Lars Løkke Rasmussen se han posicionado como árbitros electorales y ningún gobierno podrá gobernar sin su consentimiento.
Una prueba más de que al extremismo de derecha hay que detenerlo desde el centro y no desde las puntas. Importante será además señalar que el triunfo del centro polÃtico se debió en gran parte a la posición firme que adoptaron sus partidos al oponerse a las ambiciones de Trump de apoderarse de Groenlandia.
Si eso fue asÃ, podrÃamos decir que la democracia en Dinamarca se mantiene firme gracias a un autogol de Trump.
Si eso fue asÃ, podrÃamos decir que la democracia en Dinamarca se mantiene firme gracias a un autogol de Trump.
Más complicado vemos el panorama en paÃses de Europa Central como Eslovenia.
Más complicado vemos el panorama en paÃses de Europa Central como Eslovenia.
En esos paÃses pesa todavÃa el pasado no democrático que padecieron, algunos bajo el imperio soviético, otros, como el caso de Eslovenia, bajo la dictadura de la Yugoslavia de Tito.
AsÃ, el resultado de las elecciones parlamentarias del 22 de marzo de 2026 en Eslovenia, podemos calificarlas como un empate técnico entre el liberalismo europeÃsta y democrático de Robert Golov y el resurgimiento de la derecha populista bajo el mando del lÃder Janez JanÅ¡a.
Golog podrá continuar gobernando, pero de un modo muy debilitado frente a las huestes trumpistas, putinistas e incluso orbanistas que apoyan al Partido Demócrata Eslovenio (SDS).
Por ahora, las perspectivas no permiten augurar un futuro democrático. Ninguno de los bloques cuenta con los 46 escaños necesarios. Bajo una sostenida crisis polÃtica y económica, la ultraderecha putitrumpista tendrÃa ahà todas las posibilidades para imponerse.
Más alentador para el bando de la democracia parece ser el desarrollo polÃtico alemán bajo la batuta de Friedrich Merz.
Más alentador para el bando de la democracia parece ser el desarrollo polÃtico alemán bajo la batuta de Friedrich Merz.
En las elecciones comunales de marzo de 2026, aunque no representativas para la nación, logró imponerse el candidato verde de linaje turco Cem Özdemir. En Renania Palatinado la CDU alcanzó una victoria histórica al desbancar después de 35 años a la SPD.
Por cierto, la derecha extrema de la populista Alice Weidel continúa avanzando, pero no a paso de vencedores. La bancarrota de los socialistas –que no solo es alemana sino europea– ayuda a la derecha extrema la que, en algunas regiones, ocupa el primer o segundo lugar en las encuestas.
Pero todavÃa no podemos decir que AfD es alternativa de poder aunque puede llegar a serlo muy pronto. Como ha ocurrido en Francia, el centro polÃtico muestra en Alemania cierta capacidad para mantener a raya a los extremos.
Pero el hecho de que los nacional-populistas continúan creciendo y los socialdemócratas continúan retrocediendo a la vez que los liberales están por desaparecer del mapa polÃtico, son sÃntomas más que alarmantes.
Pero el hecho de que los nacional-populistas continúan creciendo y los socialdemócratas continúan retrocediendo a la vez que los liberales están por desaparecer del mapa polÃtico, son sÃntomas más que alarmantes.
Aunque es evidente que las elecciones comunales no son representativas pues ahà intervienen liderazgos muy locales, la opinión predominante es que, esta vez, sà lo fueron.
Si hasta las elecciones comunales en Europa están determinadas por el fantasma de la guerra, las buenas noticias para la democracia vinieron esta vez de donde menos se esperaba: de Francia.
Si hasta las elecciones comunales en Europa están determinadas por el fantasma de la guerra, las buenas noticias para la democracia vinieron esta vez de donde menos se esperaba: de Francia.
Recordemos que hasta hace poco dábamos por sentado de que esta vez las fuerzas siempre acechantes de Reagrupación Nacional de Le Pen y Bardella iban a alcanzar el poder, las noticias que nos trajeron las recientes elecciones comunales francesas permiten bajar a dos esas posibilidades.
La razón: a nivel comunal la Francia continúa siendo, al menos en las grandes ciudades, un paÃs de izquierda o centro-izquierda.
En breve: aún bajo el cada vez más descendente Macron, las fuerzas de izquierda resurgieron con fuerza en tres grandes ciudades: ParÃs, Lyon y Marsella.
En las zonas agrarias la ultraderecha conserva sus fuerzas, aunque no de modo arrollador. La razón de este repunte de las izquierdas, unidas con los ecologistas, es que sus dirigentes se han convencido de que, frente al avance de la ultraderecha, hay que practicar una polÃtica defensiva, o sea, frentista.
Es la hora de las grandes coaliciones democráticas, es la opinión del lÃder socialista parisino Emmanuel Grégoire. Eso a su vez significa incorporar a las alianzas a conservadores democráticos y a lo que queda del macronismo.
Decisivo en esta ruta es que la izquierda ha girado unos grados más hacia el centro, separándose de las fuerzas de izquierdas representadas por el ultraizquierdista Melenchón y su partido Francia Insumisa. Melenchon, y con razón, se ha ganado el nombre de «»el Le Pen de la izquierda»».
Cierto es que aunque Melenchon puede reclamar para sà algunas victorias, la mayorÃa de la izquierda ha entendido que solo un giro hacia el centro puede salvar a Francia de la ultraderecha.
Al menos los partidos polÃticos tradicionales han perdido el miedo a la unidad, de la misma manera que en Alemania los conservadores han perdido el miedo a coalicionar con la izquierda democrática.
No asà en España donde todos sabemos que los polÃticos del PSOE y los conservadores del PP tienen miedo hasta de conversar de fútbol entre ellos mientras los ultras del Vox avanzan sin tropezones.
No asà en España donde todos sabemos que los polÃticos del PSOE y los conservadores del PP tienen miedo hasta de conversar de fútbol entre ellos mientras los ultras del Vox avanzan sin tropezones.
9: En Castilla y León, 15 de marzo, continuó la tendencia que venÃa perfilándose en Aragón, en febrero del 2026. El PP consiguió una alta victoria, pero sin alcanzar la mayorÃa absoluta.
Vox obtuvo el 20% y los socialistas, para variar, perdieron, aunque no en las proporciones catastróficas que ellos mismos imaginaban.
La única buena noticia, por lo menos para el autor de estas lÃneas, es que Podemos desaparece de la escena pública, mientras su lÃder Pablo Iglesias conversa sobre las maravillas de la revolución cubana con el cantautor Silvio RodrÃguez.
Todo indica que, a pesar del buen desempeño económico del paÃs, España pasará a ser pronto gobernada por una coalición de derecha-derecha extrema. Trump, Putin y olé.
En lo que sà están de acuerdo la mayorÃa de los estudiosos electorales de Europa es que, para el avance de la ultraderecha europea, las elecciones que tendrán lugar el 12 de abril en HungrÃa serán, si no decisivas, las más importantes de este año.
En lo que sà están de acuerdo la mayorÃa de los estudiosos electorales de Europa es que, para el avance de la ultraderecha europea, las elecciones que tendrán lugar el 12 de abril en HungrÃa serán, si no decisivas, las más importantes de este año.
Por una parte, Viktor Orbán es un aliado fiel de Putin y de Trump a la vez. Por otra parte, es la punta de lanza antieuropeÃsta cuyo objetivo es destruir por dentro a la UE. Por si fuera poco, Orbán es considerado el lÃder más significativo de la derecha europea.
*Lea también: Trump no está loco, por Fernando Mires
Una eventual derrota de Orbán serÃa una puñalada para la alianza Trump-Putin en Europa. De ahà que no se descarta que, asà como ha ocurrido en otros paÃses, Putin, y probablemente Trump, podrÃan intervenir en las elecciones húngaras a favor de Orbán.
Una eventual derrota de Orbán serÃa una puñalada para la alianza Trump-Putin en Europa. De ahà que no se descarta que, asà como ha ocurrido en otros paÃses, Putin, y probablemente Trump, podrÃan intervenir en las elecciones húngaras a favor de Orbán.
Afirmación escandalosa hace un par de años, pero no ahora, en un mundo en guerra donde las potencias mundiales están convencidas de que, para ganar guerras, todos los medios están permitidos.
Pues bien, independientemente si se ganan elecciones o no, lo importante es que la lógica de la guerra, aunque domine en el espacio mundial, no domine al interior de cada paÃs.
El desafÃo que enfrenta Orbán es grande. Su enemigo polÃtico proviene de las propias filas del partido de Orbán, Fidesz. El partido Tisza (Respeto y Libertad) liderado por Peter Magyar ha sabido dar forma al descontento social que ha crecido bajo el gobierno de Orbán.
Seguramente Orbán habrÃa preferido tener como enemigo a un socialista, o algo parecido, pero no a un conservador nacionalista pero democrático como Magyar.
El resultado de las elecciones húngaras puede que sea parecido al que experimentan otras naciones de Europa Central: Una mayorÃa democrática en las ciudades, una mayorÃa antidemocrática en las zonas rurales.
Hay encuestas que dan la primera mayorÃa a Orbán hasta por un margen de 6%. Pero hay otras que observan el crecimiento ascendente de la candidatura de Magyar.
Como sea, aún ganando, con o sin ayuda de sus aliados internacionales, Orbán tendrÃa que gobernar con una oposición muy numerosa y esto también puede ser importante para Europa.
La posibilidad de la alternancia continuarÃa vigente y Orbán habrÃa perdido parte de su carisma pues todo el mundo sabrÃa que su gobierno solo se mantiene gracias al control del estado y de sus medios informativos, judiciales y electorales.
La posibilidad de la alternancia continuarÃa vigente y Orbán habrÃa perdido parte de su carisma pues todo el mundo sabrÃa que su gobierno solo se mantiene gracias al control del estado y de sus medios informativos, judiciales y electorales.
O lo que es muy parecido: lo que importa consignar es que la dominación de Orbán no es irreversible y, si se mantiene en el poder, será gracias al apoyo que recibe de dos potencias imperiales.
El gobierno de Orbán está muy desgastado. Los escándalos de corrupción son el pan de cada dÃa. La polÃtica anti-UE está agravando las posibilidades de desarrollo económico y su subordinación a Putin no se traduce en mayor bienestar para la población húngara.
Al fin y al cabo las elecciones no se ganan por la polÃtica internacional. En una democracia de masas las necesidades materiales son siempre más importantes que las grandes ideologÃas.
El hecho de que en los Ãndices de crecimiento económico HungrÃa se encuentre por debajo de paÃses como Bulgaria, puede ser decisivo en contra de Orbán, pierda o gane.
La del 12 de abril podrÃa ser el dÃa de la oportunidad para la democracia húngara. Más no nos atrevemos a decir. Por ahora.
Que la posibilidad de la reversibilidad continúa vigente en Europa lo ha demostrado Giorgia Meloni en el plebiscito que tuvo lugar en los dÃas 22 y 23 de marzo de 2026.
Que la posibilidad de la reversibilidad continúa vigente en Europa lo ha demostrado Giorgia Meloni en el plebiscito que tuvo lugar en los dÃas 22 y 23 de marzo de 2026.
La italiana Meloni es la más simpática de los lÃderes europeos. Pero es nacional-populista y, en materia de polÃtica interna, sigue el objetivo de todos los gobiernos populistas: consolidarse en el poder.
Para el efecto, dichos gobiernos buscan apoderarse de los tres poderes del estado, principalmente del judicial. Bajo la proposición de inocentes reformas, Meloni ocultaba su propósito de subordinar el poder judicial al poder ejecutivo.
Ese objetivo no se cumplió. El 54% de la ciudadanÃa italiana se inclinó por un rotundo NO. En cierto modo ese resultado fue obtenido gracias a la participación activa de la juventud del sur de Italia en contra del «»fascista»» norte.
Ese objetivo no se cumplió. El 54% de la ciudadanÃa italiana se inclinó por un rotundo NO. En cierto modo ese resultado fue obtenido gracias a la participación activa de la juventud del sur de Italia en contra del «»fascista»» norte.
La importancia del evento es que ese NO ha normalizado la polÃtica en Italia. O en pocas palabras: El gobierno puede ser cedido a la extrema derecha, pero la República no.
Quizás a esa normalización aspira la mayorÃa de la población votante de Europa. A veces las cosas son más simples de lo que uno imagina.
Fernando Mires es (Prof. Dr.), Historiador y Cientista PolÃtico, Escritor, con incursiones en literatura, filosofÃa y fútbol. Fundador de la revista POLIS.Â
TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artÃculo
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