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Europa se defiende, por Fernando Mires

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31.03.2026

Europa se defiende, por Fernando Mires

Cuando una guerra, aún sin ser mundial alcanza dimensiones mundiales, la política es sobredeterminada por la guerra y no la guerra por la política, como creyó en su tiempo el barón Von Clausewitz.

Cuando una guerra, aún sin ser mundial alcanza dimensiones mundiales, la política es sobredeterminada por la guerra y no la guerra por la política, como creyó en su tiempo el barón Von Clausewitz.

Cada elección, no solamente nacional, también las de índole parlamentario, regional, e incluso comunal, es seguida en tiempos bélicos con mucha atención pues sus resultados no son ajenos a la configuración del orden mundial.

Bajo esas circunstancias se miden no solamente intereses partidarios sino, además, representaciones de los bandos internacionales implicados en la guerra.

Si en cualquier país del mundo las elecciones son ganadas por los partidarios de Putin o de Trump, estos últimos las anotarán en la cuenta de sus ganancias o pérdidas, no solo políticas sino también militares.

Eso quiere decir que la política en tiempos de guerra no desaparece sino, al contrario, es convertida en instrumento al servicio de la guerra. Es por eso que Trump se alegra mucho cuando los partidos de la llamada ultraderecha ganan elecciones en Europa y en América Latina.

En periodos críticos como los que estamos viviendo cada triunfo electoral del trumpismo es visto por el presidente norteamericano como una suerte de anexión política, útil a los intereses geoestratégicos de su nación.

El hecho de que haya intervenido económicamente en Argentina para asegurar el triunfo de Milei en las parlamentarias, muestra la importancia que concede Trump a la agenda política del continente cuando se trata de asegurar la solidez de «»su»» hemisferio occidental. Lo mismo pasa con Putin.

El hecho de que haya intervenido económicamente en Argentina para asegurar el triunfo de Milei en las parlamentarias, muestra la importancia que concede Trump a la agenda política del continente cuando se trata de asegurar la solidez de «»su»» hemisferio occidental. Lo mismo pasa con Putin.

Los grandes éxitos de la ultraderecha putinista (y trumpista) serán vistos por el tirano ruso como puntos a favor de la invasión rusa a Ucrania.

Por esa razón Putin ha intervenido en elecciones como las de Bielorrusia, Eslovaquia, Georgia, y, con toda seguridad lo hará en las de abril del 2026 en Hungría. Lo aparentemente insólito es que en Europa, Putin y Trump comparten los mismos aliados.

Un triunfo de la ultraderecha en cualquier parte de Europa es celebrada por el autócrata ruso y por el autoritario norteamericano a la vez. Puede ser que en Oriente Medio, Trump y Putin estén en desacuerdo, pero en Europa son aliados. Trump, bajo esas condiciones, no puede ser el intermediario adecuado entre Rusia y Ucrania. En el hecho, nunca lo ha sido.

Al que no parece importar demasiado las guerras es al jefe del tercer imperio: China.

Al que no parece importar demasiado las guerras es al jefe del tercer imperio: China.

Visto así, China aparece como un imperio más moderno que los de Rusia y EEUU. Hasta el momento China no está imbricada en ningún conflicto territorial y ha decidido «»congelar»» sus pretensiones en Taiwán, mucho más legítimas en todo caso que las de Putin en Ucrania o las de Trump en Groenlandia.

Con relación a Ucrania Xi se ha limitado a apoyar a Putin, pero solo desde lejos y con cierta sobriedad. Además China no tiene ni busca aliados al interior de los sistemas partidistas occidentales.

En nuestros lares no hay partidos «»xiístas»» como sí hay partidos putinistas o trumpistas. Su expansión la busca China en otras esferas: en la de la tecnología, en la de las ciencias digitales y, sobre todo, en el comercio y en las finanzas.

China se ha convertido así en el principal acreedor del mundo y espera seguir siéndolo hasta llegar el punto en que su dominación económica será tan determinante que le permitirá dictar reglas políticas y jurídicas en el espacio mundial sin hacer uso de destacamentos militares que, de seguro, son cada vez más modernos y eficaces.

A China podríamos llamarla «»el imperio silencioso»». Avanza, crece, endeuda a naciones completas y las ocupa con sus productos hechos para satisfacer los gustos más ordinarios y lo más exquisitos de los ciudadanos occidentales.

A China podríamos llamarla «»el imperio silencioso»». Avanza, crece, endeuda a naciones completas y las ocupa con sus productos hechos para satisfacer los gustos más ordinarios y lo más exquisitos de los ciudadanos occidentales.

Tampoco China se interesa demasiado por los resultados de las elecciones en Occidente. Gane la ultraderecha, el centro, la izquierda, da lo mismo a Xi. Lo importante es que Occidente y Oriente compren a, y se endeuden con China.

La diferencia de China con los otros dos imperios sería entonces es la siguiente: Mientras a la Rusia de Putin y a los EEUU de Trump interesan los espacios territoriales, a la China de Xi interesan, antes que nada, los espacios globales.

Eso no significa, que en la competencia que están librando los tres imperios, China será el vencedor.

La historia está llena de vericuetos y todo pronóstico está fuera de lugar. Por eso, en todo análisis vale más la pena concentrarse en hechos.

La historia está llena........

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