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El tercer chavismo, por Fernando MiresÂ

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17.02.2026

El tercer chavismo, por Fernando Mires 

El 03.01 marca un punto de radical inflexión en las relaciones que se dan entre los EEUU y Venezuela (y en América Latina en general).

La llamada extracción de Maduro no fue igual a la de Noriega en Panamá. Cierto es que la «ideología de la extracción» fue la (supuesta) vinculación entre Maduro y el narcotráfico. Pero eso ni el mismo Trump lo cree.

Tampoco el objetivo fue «salvar» a Venezuela de una atroz dictadura, como era la de Maduro. Todos sabemos que Trump cultiva intensas relaciones políticas con las más furiosas dictaduras del planeta, entre ellas con la Rusia de Putin y, por eso mismo, está muy lejos de ser un luchador por la democracia fuera o dentro de su país.

Del mismo modo, aunque muchos no crean, su interés primordial no era hacerse del petróleo venezolano. Lo declaró el mismo Trump: «tenemos suficiente petróleo, no necesitamos más». Y es cierto.

Cierto también es que el petróleo juega un papel adicional y Trump no va a decir nunca no a la oportunidad de hacer un buen negocio como fue el que hizo con Delcy Rodríguez. Pero si bien no le interesaba en primer lugar el petróleo venezolano sí le interesaba que ese petróleo no fuera a parar a manos chinas, o rusas, o iraníes. Pues bien, ahí se encuentra un punto histórico de inflexión.

La extracción de Maduro tiene que ver antes que nada con la implementación de la Doctrina Trump que Trump adjudica a Monroe. Esa doctrina dice: En una era marcada por el predominio de los tres imperios, los EEUU se encuentran en la obligación de asegurar «espacios vitales», en este caso, los del «hemisferio occidental».

Esa, por cierto, no es una idea de Trump. Es un mandato impuesto por la reformulación de la Estrategia de Seguridad Nacional de los EEUU, hecha bajo su mandato. En ese documento yace el punto de inflexión. La extirpación de Maduro es solo una de sus consecuencias.

Maduro, es sabido, había entregado económicamente su país a China y militarmente a Rusia. De acuerdo al espíritu y a la letra de la nueva estrategia la ocupación económica de China no podía ser aceptada por el gobierno de los EEUU. Menos la intromisión militar de Rusia.

Maduro, es sabido, había entregado económicamente su país a China y militarmente a Rusia. De acuerdo al espíritu y a la letra de la nueva estrategia la ocupación económica de China no podía ser aceptada por el gobierno de los EEUU. Menos la intromisión militar de Rusia.

Trump puede tolerar —lo estamos viendo— a Rusia en Europa, pero no en América Latina. En esa misma línea, no sabemos qué es lo que ha conversado Delcy Rodríguez con Putin y Rubio.

Pero lo más probable es que la presidenta encargada ha asegurado que rusos, chinos, iraníes deberán hacer sus maletas cuanto antes. Si no hubiera sido así, ella no estaría en el poder.

Las conversaciones entre Rodríguez y Trump, según confesión de las partes, tenían lugar desde hace tiempo. La intervención de Maduro fue, de eso ya no cabe duda, un resultado de una conspiración hecha al más alto nivel.

Que la presidenta encargada continúe afirmando que el presidente legítimo es Maduro forma parte del juego político, no nos engañemos. Lo contrario significaría echarse encima a sectores pro-maduristas que evidentemente existen al interior del Psuv.

Lo cierto es que con Rodríguez en el poder ha comenzado un tercer capítulo en la ya larga historia del chavismo. La inmoral pero genial extracción de Maduro marca una ruptura con el madurismo del mismo modo como Maduro rompió con el legado de Chávez.

Lo cierto es que con Rodríguez en el poder ha comenzado un tercer capítulo en la ya larga historia del chavismo. La inmoral pero genial extracción de Maduro marca una ruptura con el madurismo del mismo modo como Maduro rompió con el legado de Chávez.

Vista así, la historia del chavismo es la historia de sus mutaciones. Creo que esta tesis merece ser explicada.

El gobierno de Chávez, pese a que el caudillo provenía de las filas militares, fue mucho menos militar que el del civil Maduro. Fue, y en ese punto creo que podríamos estar de acuerdo, un gobierno populista.

Desde esa visión, el de Chávez no puede ser considerado como un simple gobierno de izquierda, como lo fueron el de Allende, o el de Mujica e incluso el de Evo Morales, solo para poner algunos ejemplos.

El de Chávez fue el segundo gran movimiento populista de América Latina. El primero, obvio, fue el de Perón. Chávez, eso está claro, se sirvió, al igual que los peronistas, de fragmentos ideológicos de izquierda pero nunca pudo ocultar que él no provenía de una cultura política de izquierda, como sí Maduro.

Su discurso era en primera línea nacionalista y solo en una segunda, socialista, combinación que ha hecho decir a algunos tipólogos, que el de Chávez era un gobierno fascista.

Tipologías aparte (a veces solo sirven para enredar) el de Chávez fue un gobierno populista, entendiendo por populismo un movimiento de masas fragmentadas que se identifican con una figura mesiánica situada más allá de la Constitución y de las Leyes, cuyo objetivo histórico reside más allá de la realidad inmediata.

De acuerdo con esa definición, como ya veremos, el movimiento que encabeza María Corina Machado, también es populista. Sin masas........

© Tal Cual