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El retorno del fascismo, por Fernando Mires

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26.05.2026

El retorno del fascismo, por Fernando Mires

Un fantasma avanza sobre Europa. Pero a diferencia del fantasma comunista al que aludía Marx, este no tiene nombre definido.Unos lo llaman ultra o extrema derecha, otros lo llaman nacional populismo, y otros simplemente, fascismo, o neofascismo. Hasta ahora me he abstenido de entrar con bríos en esa discusión nominativa.

Debo confesar que cuando escribo sobre política tengo cierto miedo de caer en el academicismo, entendiendo por ello, no la discusión académica, sino el exceso de precisión al calificar determinados fenómenos históricos.

He de agregar que el hecho de que el término fascista, o facho, sea utilizado en ocasiones como insulto me ha impedido calificar de modo preciso a ese fantasma.

Aunque, para terminar con mis confesiones, debo decir que, cuando los veo en la tele, cuando leo sus proclamas, cuando observo sus gestos y atisbo el odio con el que se refieren a nuestros prójimos–emigrantes, cuando aparecen orgullosos de su falta de cultura y de su ordinariez, no dejo de pensar en que, sí, son fascistas, no simples derivados del fascismo, sino fascistas, fascistas de tomo y lomo.

Hablan como fascistas, visten como fascistas, gesticulan como fascistas, parecen fascistas, deben ser fascistas. Naturalmente, existen argumentos en contra.

Dos razones me han llevado a pensar que, con todas las reservas del caso, no siempre es inapropiado referirse a algunos (no a todos) los movimientos, partidos y gobiernos de la extrema derecha como fascistas.

La primera deriva de algunas conclusiones surgidas al escribir uno de mis recientes artículos, a saber: que existe el fascismo histórico, ajustado a un espacio (Europa) y tiempo determinado (tercer decenio del siglo XX) y que existe un fascismo suprahistórico basado en predisposiciones arcaicas al que Humberto Eco se refería con el nombre de Ur-fascismo (o fascismo originario).

En ese sentido podríamos hablar también de un fascismo congénito cuyo origen primario hay que buscarlo en nuestra propia naturaleza. O, por lo menos, de un fascismo constitutivo, en tanto negación al periodo de la modernidad.

La segunda razón, más política que filosófica, deriva de la lectura de un párrafo de una entrevista hecha a uno de los más destacados sociólogos de nuestro tiempo, Richard Sennett, quien se pronunció abiertamente por calificar sin rodeos a las nuevas apariciones de la (mal llamada) ulraderecha europea como a fascistas.

Fue cuando el entrevistador hizo a Sennett la siguiente pregunta «Muchos hoy hablan de un nuevo autoritarismo, pero evitan el término fascismo. ¿No es así?»

La respuesta de Sennett fue:

«No. Creo que eso está mal. Hay que llamar a las cosas por su nombre. Son fascistas. La AfD (Alternativa para Alemania) es un movimiento fascista, en parte incluso un movimiento nazi. Sé que el término fascismo suele usarse en exceso. Pero si algo es fascista, hay que llamarlo así. Creo que la idea de que decir esto es de mala educación o exageración, es absurda.

Volvió a preguntar el entrevistador: ¿Por qué es tan importante hablar de fascismo?

«Porque si no, no entiendes lo que está pasando. Tengo un amigo cuyo hijo de 21 años se unió al movimiento MAGA. Me dijo: No soporto que mi hijo se haya convertido en parte de un movimiento fascista. Y yo dije: Pero eso es exactamente lo que tienes que decir. También a nivel muy personal. Sin el nombre adecuado, la realidad queda suprimida. Con la AfD, creo que en algún momento se convertirá en violencia. No necesariamente de la misma manera que antes. La historia no se repite simplemente. Pero el potencial para la violencia está ahí. No se debe tener ilusiones sobre esto».

No puedo estar en contra de las opiniones de Sennett; sobre todo cuando afirma: «Sin el nombre adecuado, la realidad queda suprimida».

Efectivamente es así: la realidad está compuesta por cosas-nombres. Le quitas el nombre a la cosa, la cosa no desaparece, pero deja de ser real.

El nombre fascismo, según Sennett, es el más adecuado. Yo sigo sosteniendo que el de nacional-populismo también es adecuado. En cualquier caso, ambas denominaciones no son antagónicas.

Todos los fascismos han sido nacionalistas y populistas a la vez. Hay cosas que tienen más de un nombre; se llaman sinónimos. Si no estamos frente a la aparición de un fascismo, nos encontramos frente a un sinónimo del fascismo y, para el caso, da lo mismo.

Todos los fascismos han sido nacionalistas y populistas a la vez. Hay cosas que tienen más de un nombre; se llaman sinónimos. Si no estamos frente a la aparición de un fascismo, nos encontramos frente a un sinónimo del fascismo y, para el caso, da lo mismo.

Las analogías tienen un uso limitado y hay que utilizarlas con cuidado, no a lo Milei o Trump que califican a todos sus contrarios como comunistas, o a lo Putin, para quien los ucranianos y quienes los apoyamos son fascistas.

Los fascistas de ayer no pueden ser los fascistas de hoy entre otras cosas porque las condiciones en las que hoy actúan son........

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