Huellas rojas
Huellas rojas. / Shutterstock
Me desazona el sintagma industria cárnica. Me produce una incomodidad casi física. Industria remite a fábricas, a cadenas de producción, a ruedas dentadas, a balances, a toneladas de acero líquido, a puestos de trabajo. Cárnica, en cambio, viene de carne, y la carne viene de un cuerpo, del que sea, pero de un cuerpo, de un ser vivo, quiero decir. Quizá el malestar proceda de haber juntado en dos palabras cuestiones que deberían permanecer separadas. Industria cárnica. Pronuncias la expresión y no ocurre nada. Podría aparecer en la sección de Economía de un periódico: La industria cárnica aumentó sus exportaciones un 7%. Perfecto. Todo limpio. Todo contabilizado. Pero basta con empujar un poco esas palabras para que se abra una puerta al fondo. Y al otro lado de la puerta hay animales que huelen la sangre de los que han pasado antes que ellos. Hay reses que........
