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¿Y si Julián Álvarez fuera Lamine Yamal?

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¿Y si Julián Álvarez fuera Lamine Yamal?

Julián Álvarez y Lamine Yamal, en un Atlético de Madrid-FC Barcelona de esta temporada / Valentí Enrich

El mundo del fútbol de élite, aunque sea un negocio que mueve miles de millones de euros en traspasos y comisiones, no se puede comparar absolutamente con ninguna otra actividad comercial/empresarial. Por una sencilla razón: el fútbol es sentimiento, pasión por unos colores y un escudo... y también una enconada rivalidad. Una rivalidad que, muchas veces, nubla el sentido común. Si el Real Madrid, por ejemplo, ofreciera 500 millones de euros por Pedri, seguro que el FC Barcelona ni se lo plantearía. Si el Barça ofreciera lo mismo por Mbappé, tampoco.

La situación del ‘Caso Julián Álvarez’ nos enseña una vez más cómo una misma realidad se analiza de forma diferente según convenga. Encajar los intereses del club, el Atlético de Madrid, y del jugador no es nada fácil. El problema radica cuando tomamos partido por una de las dos partes según sea el color de nuestra camiseta.

Entiendo perfectamente el enojo del Atlético por la OPA que le ha lanzado el Barça por Julián (creo que Laporta se equivocó al admitir públicamente la oferta y decir que no era eterna, porque cabreó a los dueños del Atlético de forma innecesaria), como el Barça, en su día, se quejó del PSG por tocar a Leo Messi o el enfado del PSG con el Real Madrid por su acoso con Mbappé. En el mundo de verdad, el real, el de los negocios, existen los contratos. Y se respetan o se negocian, pero no se pueden romper, saltar o incumplir a la torera. Hay penalizaciones, multas, incluso riesgos........

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