Lamine Yamal no espera a nadie
Redactor de la sección Barça
Lamine Yamal no espera a nadie
La personalidad y mentalidad de Lamine Yamal marca la diferencia entre los grandes y los elegidos
Lamine Yamal es, con dieciocho años, el mejor futbolista del mundo en el Barça / VALENTÍ ENRICH
Solo tres jugadores en el mundo están valorados, según ‘Transfermarkt’, en 200 millones de euros: Haaland, Mbappé y Lamine Yamal. Por detrás, con 150 millones, aparecen Pedri y Vinicius. La gran diferencia con sus competidores es que el blaugrana solo tiene 18 años, lo que le convierte en un caso único, una auténtica barbaridad que hay que repetir más a menudo para que a nadie se le olvide. Un suspiro separa al chaval de barrio y a la estrella mundial, un instante en la vida de un adolescente que ha tenido que asumir todo lo que conlleva pasar del anonimato a la fama planetaria. Muchos se han quedado por el camino, pero no es el caso de Lamine Yamal, cuya personalidad solo es comparable a su talento para jugar a fútbol.
Lamine Yamal, en el partido contra el Atlético de Madrid / Valentí Enrich
Todo va muy rápido, seguramente demasiado, para el de Rocafonda: de pobre a multimillonario y de canterano con enorme proyección a líder sobre el césped del club más exigente del mundo. Su entorno más cercano son su primo y su amigo. También, por supuesto, su padre y su madre, pero es con Moha y con Souhaib con quienes pasa más horas. Mantenerse con los pies en el suelo, a veces, no pasa por los consejos expertos de los profesionales, sino por rodearse de quienes han estado ahí siempre y con su sola presencia te recuerda quién eres, quién has sido. Ellos son su mundo interior en el que aislarse del ruido externo que, pese a todo, le acaba llegando.
El ‘10’ del Barça, faltaría más, ha cometido errores y los seguirá cometiendo, pero en tan poco tiempo ya ha demostrado que equivocarse es el mejor camino para aprender y seguir creciendo. Y entre esos errores no figura ese punto chulesco sin el que su fútbol no sería el mismo. Ni tampoco la exigencia hacia quienes comparten vestuario con él porque, de hecho, es la misma que se aplica a sí mismo. En eso recuerda también a Leo Messi: quien no esté preparado para jugar al nivel que su fútbol requiere, que dé un paso al lado. Solo tiene 18 años y sobre sus espaldas ya recae un porcentaje muy alto del peso del Barça.
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Si a todo ello le sumamos a los fascistas que le insultan por su color de piel, su religión y sus orígenes, el combo asusta y sería más que suficiente para tumbar a cualquiera. No es su caso. Lamine es humano y, como tal, sufre esa mierda xenófoba (ser catalán no ayuda entre tanto cretino). La gran diferencia entre los grandes y los elegidos es la capacidad para convertir los obstáculos en combustible. La forma en la que un chaval de 18 años (ya ha ganado una Eurocopa y está cerca de ganar tres Ligas antes de los diecinueve) lo gestiona es lo que le convierte a Lamine Yamal en Lamine Yamal.
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