Entre la revolución algorítmica y el imperativo social latente
Como he comentado previamente en una columna anterior de SEMANA, el marketing se encuentra en su momento de mayor ambigüedad histórica. Por una parte, la disciplina experimenta una sofisticación tecnológica sin precedentes, impulsada por la inteligencia artificial (IA) generativa, los modelos predictivos y la automatización extrema. Por la otra, enfrenta una crisis de legitimidad y desconexión humana si olvida que su fin último no es optimizar un algoritmo, sino generar valor real para las personas y la sociedad.
Esta paradoja delimita la agenda global, no solo de la investigación pertinente, sino también, y aún más importante, de la práctica correspondiente en el mundo de los negocios. Pero, en un contexto como el de Colombia y el de muchas otras economías emergentes, el desafío adquiere matices estructurales urgentes.
Para las organizaciones del país y de muchos otros países latinoamericanos, el verdadero reto no es solo adoptar tecnologías globales, sino resolver una fractura interna histórica: la desarticulación entre las estrategias de marketing y la realidad de las ventas, especialmente en el tejido empresarial que sostiene sus economías: las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes).
Hay que entender algunos aspectos de esta situación, que consideran el alcance global de estos avances, pero todo ello teniendo en cuenta el contexto en que se opera, al igual que la integración de las principales tareas del área comercial:
No debería ser difícil
Colombia necesita autoridad
La caverna algorítmica
¿Qué estás haciendo tú?
La encrucijada de una importante disciplina
De la teoría clásica a la economía de la experiencia
La compleja jerarquía de necesidades
Entre el algoritmo y el alma
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