Queremos logros Ocde con acciones de país emergente
En Colombia no tenemos un problema de intención de innovar. Las empresas lo han demostrado una y otra vez. Tenemos, en cambio, un problema mucho más complejo: la falta de consistencia en la apuesta como país.
Mientras el mundo acelera sus inversiones en ciencia, tecnología e innovación, Colombia sigue enviando señales contradictorias. Queremos resultados de economías OCDE, pero seguimos invirtiendo —y pensando— como un país en vía de desarrollo.
El primer elefante en la sala es la inversión pública. La asignación de recursos para CTI dentro del presupuesto nacional ha venido cayendo de manera preocupante. Pasamos de cerca de 313 mil millones de pesos en 2025 a alrededor de 120 mil millones en 2026, y las proyecciones para 2027 apuntan a apenas 30 mil millones. No es un ajuste: es un desmonte progresivo de la apuesta por el conocimiento.
Esto ocurre en un contexto en el que Colombia invierte entre el 0,2 % y el 0,3 % del PIB en I D, muy por debajo del promedio de América Latina (0,65 %) y lejísimos de los países de la OCDE, que superan el 3 %. La innovación no funciona por chispazos, funciona por acumulación. Y sin inversión sostenida, simplemente no hay acumulación posible.
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