Dos estrechos, una factura: México tampoco se salva
Al cierre del 10 de septiembre, la rápida sucesión de acontecimientos en Oriente Medio amenaza con agravar una crisis que ya afecta los precios del petróleo, el comercio y el transporte marítimo mundial. Los hutíes, el movimiento yemení respaldado por Irán que controla buena parte del país —incluida la capital, Saná—, tomaron el puerto estratégico de Mokha y la isla de Mayun o Perim, situada en pleno estrecho de Bab el-Mandeb.
Esos avances no significan que los hutíes hayan cerrado el estrecho, pero sí mejoran considerablemente su capacidad para amenazar el tráfico marítimo. Bab el-Mandeb conecta el golfo de Adén con el mar Rojo y, por extensión, con el canal de Suez. Por allí circulan petróleo, combustibles refinados, gas natural licuado, productos químicos, componentes industriales y bienes de consumo. Alrededor de 12% del comercio mundial atraviesa esta ruta.
El estrecho de Ormuz, situado en la salida del golfo Pérsico, ya permanece severamente restringido por el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. Bab el-Mandeb se había convertido, además, en una pieza esencial de algunas rutas utilizadas para sortear esa crisis. Arabia Saudita, por ejemplo, ha desviado parte de su crudo mediante oleoductos hacia el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. Si también esa salida queda amenazada, una de las principales alternativas a Ormuz pierde seguridad.
No se trata, por tanto, de los dos extremos de un único corredor que haya quedado completamente bloqueado, como podría suponerse. Se trata de algo más complejo: dos pasos marítimos distintos, indispensables para buena parte de los flujos energéticos y comerciales entre Asia, Oriente Medio y Europa, están sometidos simultáneamente a graves........
