Una bandera, dos cachuchas
“La soberanía también se traiciona desde dentro”.Nomás digo
“La soberanía también se traiciona desde dentro”.
Claudia Sheinbaum asegura que ningún presidente puede tener “dos banderas o dos pueblos” y que solo debe tener “un amo”: el pueblo de México. Lo dijo ayer para defender su reforma contra quienes poseen otra nacionalidad además de la mexicana y aspiran a ser presidente, gobernador o jefe de gobierno de la capital.
La presidenta tiene razón en preocuparse por las lealtades de quien gobierna. Por eso sorprende que jamás empiece la revisión por las suyas propias: una para el Estado que preside y otra para el partido al que sirve.
La bandera de Sheinbaum es la “soberanía”. Una soberanía que agita cuando llega una pregunta incómoda sobre el crimen organizado, cuando hay que denunciar una intromisión extranjera y, ahora, cuando conviene cerrarles la puerta a ciertos aspirantes. Debajo de esa bandera, sin embargo, su gobierno va dejando un Estado de utilería. Un cascarón que conserva los nombres de las instituciones mientras vacía por completo las reglas que deberían obligarlo.
La reforma de nacionalidad es precisamente una muestra de ello. Primero se identifica a los adversarios potenciales; luego se descubre que sus pasaportes ponen en riesgo a México. En “Dos pasaportes, media ciudadanía” llamé a eso legislar con dedicatoria. La Constitución convertida por la 4t en un filtro de admisión: para los propios, toda la hospitalidad; para el incómodo, favor de pasar por la ventanilla de renuncias.
Peor aún: la ventanilla está mal diseñada. México puede pedir una declaración de renuncia ante sus autoridades, pero no........
