Ebrard: abuso, ruptura y 2030
“Cuando lo público se vuelve familiar, deja de ser público.”Michael Walzer
“Cuando lo público se vuelve familiar, deja de ser público.”
“El privilegio más eficaz es aquel que no se percibe como tal.”Pierre Rosanvallon
“El privilegio más eficaz es aquel que no se percibe como tal.”
“No veo ningún abuso de mi parte, lo que veo es mucha mezquindad en mi contra”, dijo Marcelo Ebrard. Y con esa frase —mitad confesión, mitad coartada— retrató con precisión quirúrgica no su inocencia, sino el tipo de régimen en el que vivimos.
Porque aquí el problema no es solo si Ebrard está falto de criterio (que sí lo está), si es cínico (que sí lo es) o si merece una nominación al Oscar y un despido fulminante (sí, ambas cosas). El problema es encima otro: la conversión de lo público en extensión de lo privado, ejecutada con tal naturalidad que ni siquiera se/lo reconoce como abuso.
O dicho sin rodeos: peculado y campaña.
Seis meses. Seis meses viviendo en la residencia oficial de la embajada de México en Reino Unido. No un fin de semana, no una visita protocolaria, no una emergencia. Medio año. Y no hablamos del embajador ni de un funcionario acreditado ni de un caso excepcional de asilo político. Hablamos del hijo del entonces canciller.
Y aquí conviene hacer una pregunta elemental —de esas que desmontan simulaciones—: ¿cómo se solicita ser huésped en una residencia diplomática?
¿Se manda oficio al embajador? ¿Se turna una nota a la Cancillería? ¿Hay formato? ¿O basta con el apellido? Porque las residencias oficiales no son hoteles boutique con cargo al erario. Son prestaciones laborales vinculadas al ejercicio del servicio exterior. Tienen una función institucional, no familiar. No están diseñadas para alojar “cuates” ni hijos de secretarios ni favores personales envueltos en retórica paternal. Una bastante pobre.
Ebrard dice que no se usaron recursos indebidamente. Pero habitar un inmueble público seis meses sin........
