menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La atención como materia prima

6 0
yesterday

Durante siglos, las economías se organizaron alrededor de recursos tangibles. La tierra alimentó la agricultura.

El carbón y el petróleo impulsaron la revolución industrial.

Más tarde, los datos se convirtieron en el combustible de la economía digital.

Pero en el corazón del nuevo sistema tecnológico existe un recurso aún más fundamental: la atención humana.

La economía digital no funciona únicamente gracias a la tecnología. Funciona gracias al tiempo que millones de personas pasan mirando pantallas.

Cada segundo de atención se transforma en datos. Cada interacción se convierte en información.

Y cada dato alimenta un sistema publicitario que genera milesde millones de dólares. En este modelo, la atención se ha convertido en una verdadera materia prima.

Las grandes plataformas no venden contenido.

Venden la capacidad de capturar y dirigir la atención de las personas.

La economía de la atención

Hace más de cincuenta años, el economista y premio Nobel Herbert Simon anticipó algo que hoy resulta evidente: en un mundo saturado de información, el recurso realmente escaso es la atención.

“Una riqueza de información”, escribió Simon, “crea una pobreza de atención”.

Las plataformas digitales construyeron su modelo económico precisamente sobre esa idea. Su objetivo no es solo distribuir información, sino administrar la escasez de atención humana.

Cada segundo que una persona permanece dentro de una plataforma tiene valor económico. Más tiempo significa más datos.

Más datos significan publicidad más precisa.

Y publicidad más precisa significa mayores ingresos.

Por eso las plataformas compiten ferozmente por el mismo recurso: los minutos de atención de miles de millones de personas.

La nueva minería del siglo XXI

Si la economía industrial dependía de minas, fábricas y refinerías, la economía digital depende de la capacidad de capturar y mantener la atención.

YouTube, TikTok, Instagram, Facebook o X no compiten únicamente por usuarios. Compitenpor algo más específico: tiempo frente a la pantalla.

Cada segundo adicional que una persona permanece en la plataforma aumenta su valor económico. En ese sentido, las plataformas operan como una especie de minería de atención.

Pero a diferencia de las industrias tradicionales, la materia prima no se extrae del suelo ni del subsuelo.

Se extrae del comportamiento humano.

Los productores invisibles

Aquí aparece una paradoja fundamental.

Las plataformas no producen por sí mismas el contenido que mantiene a los usuarios conectados. Ese contenido lo generan millones de personas: creadores, influencers, educadores, comentaristas, músicos o periodistas.

Ellos alimentan el sistema con el material que captura la atención colectiva. Sin embargo, su posición dentro del sistema es frágil.

Su visibilidad depende de reglas algorítmicas que cambian constantemente. Sus ingresos dependen de métricas que no controlan.

Y su relación con las plataformas rara vez está definida por derechos laborales claros.

Como señalaba la académica Shoshana Zuboff, vivimos en una nueva fase del capitalismo en la que la experiencia humana se convierte en materia prima para procesos económicos invisibles.

En la economía digital, no solo se explotan los datos. También se explota la atención.

Cuando la atención se convierte en trabajo

Durante mucho tiempo se pensó que consumir contenido era simplemente una forma de entretenimiento.

Hoy sabemos que también forma parte de un proceso económico.

Cada clic, cada reproducción y cada comentario generan información que se convierte en valor para las plataformas.

De alguna manera, la economía digital ha transformado algo profundamente humano —la capacidad de prestar atención— en un recurso productivo.

El problema es que, como ocurre con muchas materias primas en las primeras etapas de una industria, quienes la generan rara vez tienen control sobre el sistema que la explota.

Una nueva frontera laboral

La economía de la atención todavía está en una fase temprana de desarrollo institucional.

A diferencia de las industrias tradicionales, todavía no existen marcos regulatorios claros que definan los derechos, responsabilidades y formas de representación de quienes trabajan dentro de este ecosistema.

Sin embargo,la historia económica muestra que cada revolución tecnológica termina generando nuevas formas de organización laboral.

Si millones de personas producen contenido que sostiene el modelo económico de las plataformas, tarde o temprano surgirá una pregunta inevitable: ¿quién representa a quienes producen la atención que alimenta la economía digital?

Responder esa pregunta será uno de los grandes debates laborales del siglo XXI. Porque en la nueva economía, la materia prima más valiosa ya no está en el subsuelo. Está en la mente humana.


© SDP Noticias