Maximato en crisis
Los sucesos en torno al fallido regreso al gobierno de Sinaloa por parte de quien pidió licencia para separarse del cargo, Rubén Rocha Moya, dan cuenta de una decisión torpe, y de un proceso político marcado por una brutal improvisación, al grado de merecer un intento de corrección apenas iniciado el regreso del exgobernador a la responsabilidad para la que fue electo para el periodo 2021-2027, sólo para tener que declinar, en unas cuantas horas, de esa pretensión.
El signo de la administración moyista, desde su origen, ha estado marcada por el peso del narcotráfico lo que, en buena medida, delineó su futuro, pues los actos de violencia criminal no cesaron durante toda la administración; otro factor decisivo en la gestación de la fase estelar de su carrera, se relaciona con los profundos vínculos que sostuvo con Andrés Manuel López Obrador, quien decidió su arribo a la candidatura a la gobernatura sinaloense por parte de Morena.
Se encuentran claramente correlacionadas las figuras de López Obrador y de Rocha Moya, así como el amplio despliegue que observó la actividad del narcotráfico en la gestión gubernativa de este último. Dentro de ese contexto, genera muchas dudas, por decir lo menos, la cobertura y protección de la que gozó el exgobernador sinaloense -cuando se separó de tal responsabilidad- por parte de su partido y que también tomaron los gobiernos que de él emanaron; a........
