menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Trump le compra diésel a Putin mientras Ucrania se queda sin luz

16 0
previous day

Donald Trump acaba de colocar una contradicción monumental en el centro de la política internacional: mientras Rusia continúa atacando la infraestructura energética de Ucrania y millones de personas enfrentan la amenaza de quedarse sin electricidad y calefacción ante la llegada del invierno, Estados Unidos comienza a recibir nuevamente combustible ruso mediante un acuerdo promovido por el propio presidente estadounidense.

No se trata solamente de una operación comercial ni de una decisión destinada a contener los precios de los energéticos. Estamos frente a una cuestión mucho más delicada: ¿cómo pretende Washington presionar a Vladimir Putin para terminar una guerra mientras abre nuevas oportunidades de ingresos para la economía que la sostiene? La diplomacia puede exigir concesiones y negociaciones difíciles, pero cuando las sanciones se suspenden antes de obtener resultados verificables, existe el riesgo de que dejen de funcionar como instrumentos de presión y se conviertan en beneficios anticipados para quien todavía no modifica su conducta.

Este viernes 23 de octubre se conoció que un buque tanque cargado con aproximadamente 40 mil toneladas métricas de diésel ruso salió del puerto de Primorsk, en el mar Báltico, con destino a Nueva York. La embarcación, identificada como Agioi Fanendes y registrada bajo bandera de Malta, tiene prevista su llegada a Estados Unidos el próximo 7 de noviembre. El cargamento forma parte del acuerdo anunciado por Trump el 9 de octubre para permitir nuevamente el suministro de combustible ruso al mercado estadounidense y a otros compradores internacionales.

El calendario resulta especialmente revelador. El primer embarque llegará después de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre, pero su anuncio se produce cuando la administración intenta contener el encarecimiento del diésel, un combustible indispensable para el transporte de mercancías, la agricultura y numerosas actividades productivas. Trump necesita resultados económicos que pueda presentar ante sus ciudadanos. Putin necesita ingresos, mercados y una reducción de las restricciones que afectan a Rusia. Ambos intereses pueden coincidir comercialmente, pero eso no significa que sus consecuencias sean compatibles con el propósito declarado de alcanzar una paz justa y duradera en Ucrania.

El acuerdo contempla un suministro inicial de 300 mil toneladas de diésel, otras 500 mil durante noviembre y un millón adicional posteriormente. No todos esos volúmenes están destinados necesariamente a Estados Unidos, pues la operación también busca ampliar la disponibilidad de combustible en los mercados internacionales. Sin embargo, la reanudación de las importaciones estadounidenses constituye un cambio significativo después de las restricciones adoptadas contra los productos petroleros rusos a raíz de la invasión de Ucrania.

Lo verdaderamente importante no es únicamente la cantidad de combustible que pueda llegar a territorio estadounidense, sino el mensaje político que acompaña la operación. Durante años, Washington y sus aliados han utilizado las sanciones económicas para intentar limitar la capacidad rusa de financiar la guerra. La energía ocupa un lugar central en esa estrategia porque las exportaciones de petróleo y sus derivados representan una fuente importante de ingresos para Moscú. Si se permite ampliar determinadas operaciones comerciales sin exigir previamente compromisos verificables, la eficacia de esa presión puede disminuir.

Trump sostiene que su prioridad es terminar la guerra mediante negociaciones. Es un objetivo legítimo y necesario. Después de años de destrucción, pérdidas humanas y desplazamientos, cualquier iniciativa seria que contribuya a detener las hostilidades merece examinarse. Pero negociar no significa necesariamente conceder por adelantado aquello que una de las partes busca obtener. La diferencia entre un incentivo diplomático y una concesión unilateral depende de las condiciones establecidas, de los compromisos asumidos y de los mecanismos disponibles para verificar su cumplimiento.

La contradicción se volvió todavía más evidente con la decisión presidencial del 16 de octubre. Trump firmó una orden ejecutiva mediante la cual suspendió la aplicación de buena parte de las nuevas sanciones y aranceles contemplados en una ley que él mismo había promulgado apenas un mes antes. La legislación buscaba incrementar la presión económica sobre Rusia y sobre determinados países y empresas vinculados con sus exportaciones energéticas. Sin embargo, el presidente utilizó las facultades de exención previstas en la propia norma para evitar su aplicación inmediata.

Conviene precisar que no desaparecieron todas las sanciones estadounidenses contra Rusia. Diversas restricciones anteriores permanecen vigentes y la administración conserva........

© SDP Noticias