Pidiendo esquina para no tirar la toalla
Durante años Donald Trump cultivó la imagen del hombre al que nadie podía derrotar. El empresario infalible. El negociador genial. El outsider indomable. El líder que aseguraba poder doblegar adversarios, gobiernos, instituciones y hasta la propia realidad mediante una combinación de estridencia, confrontación y voluntad. Durante años esa narrativa funcionó. Funcionó tan bien que millones llegaron a creer que cualquier revés era apenas un accidente temporal en la marcha inexorable de un personaje destinado a imponerse siempre. Pero existe un problema con los mitos construidos alrededor de la propia imagen: llega un momento en que dejan de pelear contra sus enemigos y empiezan a pelear contra los hechos. Y la historia demuestra que esa pelea suele terminar mal.
Porque algo empieza a resultar cada vez más difícil de ocultar. Los golpes ya no llegan desde un solo frente. Llegan desde los tribunales. Llegan desde la cultura. Llegan desde antiguos aliados. Llegan desde sectores republicanos cada vez menos entusiastas. Llegan desde instituciones que antes guardaban prudente silencio. Llegan desde artistas, intelectuales y líderes de opinión sociocultural que ya no disimulan su rechazo. Llegan desde una opinión pública crecientemente fatigada. Y, sobre todo, llegan desde una realidad que parece cada vez menos dispuesta a obedecer el guion que durante años sostuvo al personaje.
Ahí está Epstein reapareciendo una y otra vez como un fantasma imposible de sepultar definitivamente. Ahí están los jueces corrigiendo excesos y recordando que todavía existen límites. Ahí están las universidades resistiendo presiones. Ahí están las instituciones culturales retirando prestigio simbólico. Ahí están los artistas negándose a participar en eventos asociados a su figura. Ahí están las fracturas dentro de su propio campo político. Ahí están los tropiezos geopolíticos. Ahí están las promesas que producen menos resultados de los prometidos. Ahí están los BRICS creciendo mientras Washington continúa atrapado en guerras culturales. Ahí está China observando con paciencia estratégica. Ahí está la realidad acumulando facturas.
Y sobre todo, ahí está la manada.
La misma manada de elefantes que durante meses fue entrando a la habitación mientras........
