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Obama volvió a rugir: el líder que los demócratas no han sabido reemplazar

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Barack Obama volvió a demostrar que su retiro de la Presidencia no significó su desaparición de la política estadounidense. Este sábado, en Cleveland y Detroit, apareció un personaje que conserva buena parte de la fuerza discursiva, el sentido del humor, la capacidad de convocatoria y el dominio del escenario que lo llevaron a la Casa Blanca en 2008. No regresó para disputar una candidatura ni para reclamar un cargo. Volvió para intervenir en una batalla política de enorme trascendencia: las elecciones legislativas del próximo 3 de noviembre, en las que estará en juego la composición del Congreso y, con ella, la capacidad institucional de imponer contrapesos al gobierno de Donald Trump. Su intervención también dejó expuesta una realidad incómoda para los demócratas: diecisiete años después de su llegada a la Presidencia, siguen recurriendo a él para expresar con especial claridad una parte fundamental de su mensaje político.

Ya se estaba tardando.

Durante años, Obama ha procurado mantener una distancia razonable respecto de la política cotidiana. Es comprensible. Gobernó Estados Unidos durante dos periodos, entre 2009 y 2017, enfrentó una crisis económica de dimensiones extraordinarias, impulsó una reforma sanitaria histórica y condujo una administración que tuvo logros importantes, pero también errores, decisiones controvertidas y promesas incumplidas. No tiene obligación de intervenir en cada disputa ni de convertirse en portavoz permanente de su partido. Sin embargo, la influencia que conserva y el lugar que ocupa en la historia contemporánea de Estados Unidos plantean una responsabilidad política y moral que no desaparece simplemente porque haya concluido su mandato.

Obama no es un ciudadano cualquiera, aunque tenga pleno derecho a vivir como tal. Fue el primer presidente afroamericano de Estados Unidos, protagonizó una transformación política y cultural de enorme significado y construyó una relación con millones de ciudadanos que todavía conserva relevancia. Esa condición histórica no lo obliga a asumir una función institucional que ya no le corresponde, pero explica por qué sus intervenciones tienen una resonancia distinta de la que producen otros dirigentes retirados.

Lo ocurrido este sábado permitió comprobarlo. En Cleveland, Obama acompañó a Sherrod Brown, quien busca regresar al Senado por Ohio, y a Amy Acton, candidata demócrata a la gubernatura. Más tarde, en Detroit, respaldó a Abdul El-Sayed, candidato al Senado por Michigan, y a Jocelyn Benson, aspirante a gobernadora. No fueron simples apariciones protocolarias. Obama desarrolló una crítica frontal al gobierno republicano, vinculó sus decisiones con las preocupaciones de la vida cotidiana y llamó a utilizar el voto como instrumento de control democrático.

Su intervención tuvo una característica que merece atención: no se limitó a denunciar a Trump mediante calificativos. Lo cuestionó por decisiones concretas, particularmente por la guerra contra Irán, sus consecuencias económicas, el incremento de los costos de vida y la forma en que su administración ha manejado las responsabilidades públicas. También utilizó la ironía para ridiculizar las remodelaciones de la Casa Blanca y determinados excesos de la puesta en escena presidencial.

Ese humor político no es un detalle menor. Obama sabe utilizarlo para desarmar solemnidades, exhibir contradicciones y mantener la atención de su auditorio. Puede pasar de una observación mordaz a un argumento institucional sin perder el hilo de su discurso. Es una habilidad que ha distinguido su comunicación pública desde antes de llegar a la Presidencia.

Pero sería un error reducir lo sucedido a una exhibición de oratoria. Lo importante es el contexto. Estados Unidos enfrenta una polarización profunda, una confrontación permanente entre el Ejecutivo y sus adversarios, controversias sobre el ejercicio del poder presidencial y una política exterior marcada por decisiones militares y comerciales de enormes consecuencias. Las elecciones legislativas representan un mecanismo constitucional para revisar el equilibrio entre poderes. Obama........

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