Jornada a medias
Conviene bajar el volumen y afinar el oído. No todo aplauso unánime es simulación ni toda reforma incompleta es una trampa deliberada. A veces es, simplemente, el reflejo de un país que avanza con cautela, midiendo cada paso para no desatar resistencias que terminen por bloquearlo todo. La aprobación del proyecto para reducir la semana laboral de 48 a 40 horas merece una lectura más templada, sin perder la mirada crítica, pero entendiendo el momento político y económico en el que se inscribe.
La decisión de la Cámara de Diputados, respaldada por 469 legisladores presentes, no es menor. En un Congreso acostumbrado al choque y la estridencia, la unanimidad también puede leerse como una señal de que existe conciencia compartida sobre un problema de fondo: el exceso de horas de trabajo y el desgaste crónico de millones de personas. No es poca cosa que nadie se haya atrevido a votar en contra de una demanda largamente postergada.
La reforma, sin embargo, no es la panacea. Reduce la jornada semanal en el papel, pero mantiene un solo día de descanso por cada seis trabajados y amplía el margen de las horas extra. Ahí es donde surgen las dudas legítimas. ¿Es una transición responsable o una concesión excesiva al temor de afectar la actividad económica? Probablemente sea un poco de ambas cosas. Pensar que un cambio tan profundo podía aprobarse de golpe, sin fases ni amortiguadores,........
