El necio: Cuando al poder le falla el oremus
El mesianismo político y la antesala del desastre
Hace años, en México, se intentó convertir la terquedad en virtud política con una canción: El necio. El subtexto era amable y peligroso a la vez: no es cerrazón, es constancia; no es soberbia, es carácter; no es incapacidad de escuchar, es fidelidad a un destino. La narrativa funciona porque acaricia el ego del empecinado y tranquiliza a quienes prefieren creer que el problema no es el líder, sino quienes no lo “entienden”. Funciona… hasta que deja de hacerlo.
Porque el necio no suele ser tonto. Muchas veces es inteligente, intuitivo, incluso brillante. El problema aparece cuando confunde perseverancia con infalibilidad y empieza a creer que toda crítica es traición y todo límite una conspiración. Ahí, como decían los antiguos, le falla el oremus.
Donald Trump encarna ese perfil con precisión clínica. No es un improvisado ni un simple bufón. Es un político con instinto de poder, olfato mediático y una comprensión profunda del resentimiento social. Pero también es el ejemplo clásico del líder que, convencido de su excepcionalidad, deja de reconocer límites. El mesianismo no nace cuando alguien se sabe fuerte, sino cuando se cree elegido. Cuando la ley estorba, las instituciones sobran y el país se reduce al tamaño de su ego.
El necio en el poder no gobierna: impone. No........
