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Ningún marcador justifica una agresión

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15.06.2026

Hay una frase que cada cuatro años vuelve a escucharse en millones de casas, bares, plazas, oficinas y calles: “hoy juega México”.

Y qué bueno que así sea.

El futbol emociona. Une generaciones. Suspende por noventa minutos la rutina. Hace que un país entero grite al mismo tiempo, abrace a desconocidos, saque la bandera, cante el himno y vuelva a creer, aunque sea por un instante, que todavía hay algo capaz de juntarnos.

Pero mientras muchos esperan el silbatazo inicial con ilusión, miles de mujeres lo esperan con miedo.

Porque hay otra frase que casi nadie quiere decir en voz alta, pero que demasiadas mujeres conocen demasiado bien: “Si pierde su equipo, pierdo yo.”

Pierde ella cuando la derrota se convierte en gritos.

Pierde ella cuando el alcohol se convierte en insultos.

Pierde ella cuando un penal fallado termina en golpes.

Pierde ella cuando una noche de futbol se transforma en una noche de terror dentro de su propia casa.

Esa es la parte del Mundial que casi nadie quiere mirar.

Mientras los reflectores apuntan a las canchas, mientras las redes se llenan de pronósticos, memes, festejos y análisis deportivos, hay mujeres calculando el estado de ánimo de su pareja. Hay niñas encerrándose en su cuarto. Hay familias caminando de puntitas para no provocar una explosión de violencia.

Y no, no es exageración.

Diversos estudios internacionales han documentado incrementos en los casos de violencia de pareja durante eventos futbolísticos de alta intensidad, especialmente cuando hay derrotas, tensión deportiva o consumo elevado de alcohol. El Banco Interamericano de Desarrollo ha señalado aumentos cercanos al 30% en episodios de violencia de pareja asociados a partidos de........

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