Muro ecocida en el Big Bend
El problema de los gobiernos autoritarios encabezados por hombres que no escuchan es que las prioridades desordenadas en contextos de necedad les impiden entender cómo es que los daños a la naturaleza no pueden ser negociados o revertidos mediante un ultimátum. Trump insiste en construir el muro fronterizo y ha elegido el peor lugar para hacerlo: una reserva natural que colinda en el desierto de Chihuahua, donde el Río Grande traza una frontera que es también un ecosistema, una economía y una memoria colectiva.
El Center for Biological Diversity demandó al gobierno de Donald Trump por negarse a entregar documentos básicos sobre la posible construcción de un muro fronterizo en el Parque Nacional Big Bend tras una solicitud de contratos, planes, evaluaciones de impacto. Lo esencial. No pedían secretos de Estado. Pedían lo que cualquier ciudadano tiene derecho a conocer cuando el gobierno transforma su territorio.
Se trata de una organización civil estadounidense que ha documentado cómo el Big Bend concentra menos del 1.3% de los cruces irregulares en la frontera sur de Estados Unidos, o sea, que esta medida en proporción con el problema migratorio que supuestamente busca atender no se justifica. Es, en términos de gestión migratoria, una zona de baja presión. Pero es también uno de los ecosistemas más frágiles del continente por ser el corredor de jaguares y borregos cimarrones, cuenca que sostiene comunidades y turismo en ambos lados del río, candidata histórica al reconocimiento como patrimonio mundial de la UNESCO. A pesar de eso, el gobierno federal estadounidense suspendió más de veinte leyes ambientales para acelerar proyectos de infraestructura en la zona y........
