Marido lastre frente a la fragilidad política de las mujeres gobernadoras
La paridad constitucional en gubernaturas apenas es el primer paso de un cambio cultural de largo aliento en el que ser mujer sigue siendo factor relevante para que los electorados no terminen por convencerse de la autoridad y capacidad de las gobernadoras.
Sumado a ello, la antigua cultura predominante en la política que rompió con la moral de los cargos más altos mediante la corrupción, el influyentismo y esquemas sofisticados para enriquecerse, se ha logrado infiltrar en la moral de la Cuarta Transformación de maneras insospechadas. Nunca nadie pensó que alguna vez, iconos de la austeridad como la Ministra del Pueblo pudieran avalar el uso de mega camionetas de lujo blindadas, que a pesar del rechazo posterior por la condena social, dejó entrever que aquello del “aspiracionismo” tan criticado por el presidente López Obrador es parte de aquella vieja cultura no arrancada del todo en la que el poder y los niveles de algún funcionario debían notarse en sus hábitos, lujos y comodidades. Las camionetas eran legales, que no se malinterprete, pero no eran legítimas.
Pero al hablar de aquella antigua cultura del poder y el dinero nos referimos más bien a los escándalos que no se explican solo desde el derecho penal, sino desde la estructura de poder que los rodea. El caso del exesposo de la gobernadora Marina del Pilar no es únicamente una carpeta de investigación más, también es un conflicto diplomático, una gota que amenaza con derramar el frágil vaso en la relación con Estados Unidos, además de representar un espejo incómodo de cómo opera el poder cuando quien gobierna es una mujer.
Recordemos el origen panista del matrimonio y la distancia de Carlos Torres frente a Morena. Su apuesta, servir al oficialismo y servir a su propio partido, eventualmente se........
