Los muertos navegan en trajineras en Xochimilco y podemos acompañarlos
Cuentan los antiguos que el primer acto de civilización fue enterrar a un muerto junto con el pensamiento abstracto, filosófico y hasta existencial sobre lo que hay después de la muerte. Alguien, hace miles de años, se negó a abandonar un cuerpo a la intemperie y lo cubrió con tierra, tal vez con flores. En ese gesto mínimo, terco, nació la idea de que quienes se van no se van del todo, de que hay algo más que puede ser nombrado distinto entre culturas y contextos pero que en esencia, tiene el concepto del alma, del espacio etéreo en que nos encontramos antes de tomar un cuerpo y que es como una fuente de energía a la que volvemos cuando nuestro tiempo aquí ha terminado. Desde entonces, cada cultura ha buscado su manera de conversar con la ausencia. Pocas lo han hecho con tanta luz, tanto color y tanta música como la que, cada otoño, despierta en los canales de Xochimilco.
Típicamente, el agua conserva la memoria de un mundo anterior a las ciudades y como camino al Mictlán, los muertos no se despiden para siempre, solamente regresan en noviembre cuando el velo de realidad entre la vida y la muerte puede hacerse transparente. El calendario de este año, presentado el 6 de octubre por la diputada local Erika Rosales Medina, el diputado federal Edén Garcés Medina y José Carlos Acosta Ruiz, es en el fondo una invitación a recibirlos como se debe, con la casa limpia oliendo a copal, la ofrenda puesta y........
