Antes de que llegue el mundo y consuman mujeres
Se acerca el Mundial de 2026 y el país se agita con esa prisa nerviosa de quien espera visitas importantes, como las antiguas casas de abuelas o tías que guardan las apariencias. Hay algo profundamente mexicano en ese impulso de barrer a toda velocidad, perfumar los rincones, empujar lo incómodo hacia donde no se vea. Pero también hay algo inquietante en esa urgencia por aparentar orden cuando el desorden no es superficial, sino estructural y no hablo de las familias mexicanas que guardan secretos… hablo de la fiesta deportiva que atrae a cierto tipo de personas, principalmente hombres, que gustan del futbol y se apasionan defendiendo sus equipos o países como si en los partidos se les fueran las últimas batallas nacionalistas de los libros de historia.
México se prepara para mostrarse al mundo mientras carga, como una sombra persistente, con las desapariciones forzadas, con la violencia que no cede, con comunidades desplazadas que aprenden a vivir lejos de sí mismas. En Guadalajara, las nuevas fosas atraviesan el subsuelo de la normalidad y cuestionan las cifras de desaparecidos mientras en el corredor Tlalpan, las voces que reclaman vivienda digna y denuncian la gentrificación rompen la narrativa de progreso, graffiteando e interviniendo los muros que el gobierno de la Ciudad se ha esforzado en colocar. Y, sin embargo, hay silencios institucionales sobre la trata de personas y la explotación sexual.
En ocasiones pienso que es parte de la naturaleza humana comportarnos en lugares donde sabemos que las reglas son estrictas y convertirnos en........
