El laberinto de las ausencias: México y esa narrativa sin objetividad
No es un debate estadístico. O no debería serlo. Reducirlo a porcentajes o a números absolutos significa despojarlo de su humanidad. Estamos ante un hecho que lastima profundamente a la sociedad. Enfrentarlo, por consiguiente, requiere de una dosis elevada de humanismo, no de fría aritmética.
La desaparición de personas es una tragedia espantosa para familias y amistades de quien nada se sabe. Pocas situaciones generan tanto sufrimiento, tanta angustia y tal vacío existencial. Es imposible negarlo. Pero tampoco tiene sentido ignorar los esfuerzos del gobierno actual, concentrados en objetivos urgentes: verdad, justicia, memoria, reparación y, sobre todo, la obligación del Estado de modificar las instituciones y prácticas que permitieron que este delito echara raíces durante décadas.
Hay una diferencia de fondo con el pasado: con la 4T, la desaparición ya no es un delito ejecutado o encubierto desde el poder político central. Esta es la base del diagnóstico; cualquier intento de tergiversarlo es pura deshonestidad intelectual.
El ruido de la international commentocracy
Sin embargo, cuánto estorba la international commentocracy —¿estará bien dicho en ingles?—. Alimentada por el nado sincronizado del periodismo tradicional, esas columnas y noticieros que generan ruido en redes sociales, la élite........
