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El apocalipsis electoral (otra vez): un poco de memoria para la comentocracia

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15.09.2026

Estos últimos días much@s han salido a lamentar la aparente nueva y fatal “crisis de credibilidad” del INE y del Tribunal Electoral. Qué desesperante la falta de memoria de la comentocracia y su deficiente capacidad de poner las cosas en su justa dimensión y hacer análisis político serio, riguroso y responsable.

Y a ver, no es que las instituciones no tengan una crisis de confianza y legitimidad, el tema es ¿cuándo no la han tenido? Basta un sencillo y rápido ejercicio de revisión bibliográfica y hemerográfica para mostrar el eterno retorno de una narrativa apocalíptica insostenible a la luz de las contradicciones y tensiones del discurso público que ha girado históricamente en torno a ambas instituciones.

La creación del IFE en 1990 buscó legitimar la organización de los procesos electorales después de la llamada caída del sistema de 1988. Nació en medio de una de las mayores crisis de legitimidad del régimen político. Se pensó que, en automático, como por arte de magia, bastaba crear una organización que formalmente no formara parte de la estructura gubernamental para que todo mundo creyera en los procesos electorales. No vamos a negar que ayudó al profesionalizarse y blindarse múltiples aspectos de la organización electoral en la dirección de consejerías ciudadanías en apariencia puras e inmaculadas: se hizo un padrón electoral sólido y depurado, credencial para votar con fotografía cada vez con mayor número de candados, boletas electorales infalsificables, tinta indeleble, y por si fuera poco, todo un sistema de medios de impugnación para controvertir cada uno de los actos y etapas de las elecciones.

Sin embargo, una de las lecciones más elementales de las humanidades y las ciencias sociales es que la ingeniería constitucional, por sí sola, no basta para transformar la cultura política de un país. Es decir, sus percepciones, prácticas, símbolos e imaginarios. Sin mencionar el gran mito tecnocrático sobre el que se construyó este modelo de autoridad electoral: la idea, hace tiempo puesta en entredicho, de que existen decisiones puramente técnicas, neutrales y capaces de mantenerse al margen de la política. Que si me lo preguntan aquí esta el fondo de la cuestión.

Pero por un lado, cierto grupo de académicos y comentócratas parece instalado en una suerte de disonancia argumentativa. Piénsese, por ejemplo, en el caso de Lorenzo Córdova. Antes de ser consejero electoral fue un crítico importante de las instituciones electorales y de varios de los problemas que atravesaban. Coordinó incluso varios libros........

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