Solo la democracia vivida desde el alma salvará nuestras naciones
Vivimos en una época marcada por la apología a la decadencia moral, la polarización y un profundo vacío en las dinámicas de nuestra convivencia ciudadana, donde reinan las expresiones del egoísmo y se ahogan las de fraternidad.
A menudo percibimos la democracia simplemente como un sistema de votación o un frío andamiaje institucional. Sin embargo, si nos aproximamos a ella desde la literatura espiritual y el análisis existencial, descubriremos que la democracia es, fundamentalmente, un asunto del alma colectiva.
Para la prosperidad, la paz y la libertad de las naciones, la democracia es una joya en bruto que exige un cuidado ético, consciente y constante; “el alma es como un diamante que necesita ser tallado con las herramientas correctas”. Trasladando este principio a nuestra realidad civil, los valores democráticos como la ética del comportamiento, la tolerancia, la igualdad y la justicia constituyen esas herramientas esenciales.
Una sociedad que ignora las........
