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26.05.2026

Escribo esta columna desde Maracaibo, Venezuela. El país que visité en 1989 —año de mi matrimonio— ya no es el mismo tras más de 25 años de chavismo. Los precios de todo son exorbitantes, prácticamente el doble de lo que se paga en Colombia. Los negocios son escasos y la gente está agobiada por una inflación que ronda el 90 % en lo que va del año.

Esa experiencia política desgarró a millones de familias que, ante la necesidad y el hambre, se vieron forzadas a migrar masivamente, abandonando una vida entera: familia, amistades y parejas que no pudieron consolidarse. Sufrieron por igual niños, padres y abuelos.

El camino que llevó al pueblo venezolano a ese extremo guarda similitudes inquietantes con lo que podría ocurrir en Colombia. En el gobierno de Gustavo Petro —llegado legítimamente al poder, pese a las controversias por los topes de financiación— se han........

© Revista Semana