En el Perú, los militares siempre tendrán la última palabra
Después de haber tenido ocho presidentes en diez años, se han celebrado elecciones presidenciales en el Perú en medio de un tremendo desorden, que contrasta con el sistema electoral colombiano, uno de los mejores y más eficientes en el continente.
Treinta y seis candidatos compitieron en la primera vuelta y, naturalmente, ninguno de ellos alcanzó más del 50 % de los votos requeridos para ganar la presidencia. Keiko Fujimori encabeza los conteos. La lucha está por la segunda posición para pasar a la segunda vuelta entre Roberto Sánchez y Rafael López Aliaga.
Sánchez aventaja a su contendor por un estrecho margen, pero López se ha adelantado a exigir la anulación de un gran número de mesas, que según él están enmarcadas por el fraude. Los dos candidatos vencedores en la segunda vuelta, sean Keiko y Sánchez o Keiko y López Aliaga, no alcanzarían al 35 % de la votación. Además, como el conteo para senado y cámara va a paso de tortuga, todo hace prever futuras dificultades de gobernabilidad.
La mayoría de los últimos mandatarios peruanos han sido acusados de corrupción, uno de ellos de tratar de estrangular la Constitución para perpetuarse en el poder y otro se suicidó. Tal vez es el único país del mundo que tiene una prisión especial para expresidentes.
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De todas maneras, como van las cosas, seguramente serán las fuerzas armadas las que abierta o silenciosamente tomen la decisión final, ya que se consideran los guardianes de la Constitución. ¿A qué se debe esa situación? A que el Perú es una nación militarista.
Los gobernantes, los partidos, el Congreso y la población saben muy bien que los árbitros de la política peruana han sido, son y seguirán siendo los militares.
¿Por qué existe esa peculiar condición? Es difícil establecerlo; sin embargo, hay que tener en cuenta que el Perú ha vivido por muchos años entre golpes militares y conflictos armados con otros Estados. Entre 1837 y 1838, se enfrentó con la Argentina; entre 1841 y 1842, con Bolivia; con Ecuador entre 1858 y 1860; contra España, entre 1865 y 1871; entre 1879 y 1880, aliado con Bolivia, contra Chile; entre 1932 y 1933, con Colombia; en 1941, otra vez con Ecuador; y, finalmente, en 1985, también con Ecuador.
En Colombia, las Fuerzas Armadas, no obstante los difíciles problemas que coyunturalmente han afrontado, gozan de consideración, aprecio y credibilidad. Sin embargo, solo en contadas ocasiones han tenido popularidad: tal vez fugazmente cuando subió al poder el general Rojas Pinilla. Ahora en nuestro país el jefe de Estado las censura e increpa públicamente.
En el Perú se podría repetir nuevamente la inestabilidad institucional, que podría llevar a que no tuviera en diez años ocho presidentes, sino doce en once años.
