Una bandola de saqueadores
Dirán, dentro de unos meses, que al pobre del señor presidente Gustavo Petro no lo dejaron gobernar. Que la oligarquía colombiana, temerosa de que lograra establecer su potencia mundial de la vida, le saboteó la gestión. Que la aristocracia judicial se empeñó en echar por la borda sus valiosas reformas sociales. Que la prensa, controlada por los grandes grupos económicos, se dedicó a reproducir escándalos para socavar la imagen del redentor.
Lo dirán todo el tiempo y con ese dejo de superioridad moral de quienes explican con suficiencia que el hombre no llegó a la Luna, que las vacunas nos controlan la mente o que la marimonda es Mickey.
Y, claro, nosotros, los que desde el principio advertimos que Petro iba a ser el fracaso que fue, tendremos que escuchar la infumable perorata. Y no van a importar las razones que demos porque, a estas alturas, Petro logró algo digno de admiración: una secta. Un grupo de individuos que depositó su fe ciega en él y al que hace rato dejó de importarle la abrumadora evidencia que demuestra que lo que debía ser un gobierno fue, más bien, un concierto para delinquir a gran escala. Suena duro, pero más dura es la realidad, que apunta a que, a pesar de toda la podredumbre, una buena porción del país está dispuesta a salir a las calles a destrozar todo lo que se encuentre a su paso para defender el supuesto legado del líder. Hágame el favor.
Lo del concierto para delinquir no es hipérbole. Nunca en la........
