El narcoestado en que nos convirtió el petrismo
Terminada la elección presidencial, algunos ingenuos —entre ellos yo— pensamos que lo peor ya había pasado. Las revelaciones de las últimas semanas nos corrigen con brutalidad: lo peor no pasó. Lo peor es lo que queda.
Vamos en orden. Desde hace varios años conocimos que en la campaña presidencial de Gustavo Petro se negoció el Pacto de la Picota. Varios líderes de esa campaña, encabezados por Juan Fernando Petro, acudieron a las cárceles del país a pedir ayuda de los presidiarios para ganar la elección. No me estoy inventando nada: el mismo señor Petro —esto es, el hermano— lo confesó en una entrevista.
Pues con las revelaciones del periodista Ricardo Calderón, en Noticias Caracol, nos hemos venido dando cuenta de que el mentado pacto existió, pero además fue fructífero para los bandidos del país. Asquea escuchar la grabación revelada en la que Danilo Rueda —quien fuera Alto Comisionado de Paz— les menciona a los cabecillas del Clan del Golfo —tenebrosos bandidos— que pueden seguir delinquiendo con toda confianza, ya que no serán perseguidos por el Ejército. Cual diálogo de telenovela de narcotraficantes, el funcionario disfraza la cohonestación y la permisividad con el crimen con una expresión de juego infantil: los congelados. Tan........
