menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

A hombros de gigantes

13 0
05.07.2026

Hay quienes dicen que Abelardo De La Espriella se eligió con las ideas de Uribe, pero no, su visión de la sociedad se nutre de algo mucho más profundo y distinto en muchos aspectos: el cuerpo doctrinario de su maestro Álvaro Gómez Hurtado.

Aunque la idea de la seguridad como fin último del Estado la propuso Hobbes en 1651, esa bandera como valor fundante de nuestra democracia la enarboló por primera vez con claridad en nuestro país Álvaro Gómez, cuando acuñó el término de “repúblicas independientes” en un discurso memorable donde fustigó al presidente Lleras Camargo por su tolerancia con los enclaves comunistas armados, como el de Marquetalia en el sur del Tolima. Esa misma convicción inquebrantable sobre la soberanía y el imperio de la ley fue determinante en el triunfo de Abelardo.

Pero hay un elemento del pensamiento de Álvaro Gómez que estuvo latente por décadas y hoy se ha convertido en pilar fundamental de la nueva derecha de occidente, de la cual el presidente De La Espriella es ya uno de sus máximos exponentes, que es su indeclinable impugnación a los postulados disolventes del marxismo, una impugnación que no admitía concesiones. En oposición a eso, él hablaba de la actitud transaccional y apaciguadora que había adoptado la dirigencia política frente al marxismo, porque veían como inexorable una evolución de la sociedad hacia allá, y por eso abrazaron parte de sus postulados, como una manera de agradar y hacer méritos con aquellos que ellos creían que inevitablemente se impondrían, y también con la expectativa de que una versión “light” retrasara el advenimiento de la cepa bolchevique. Esta tendencia complaciente se reveló, según él, con dos recursos fáciles: “decir que uno era revolucionario”, o sea exaltar lo revolucionario, y “agregarles la palabra social a todas las formulaciones políticas”. Pero........

© Revista Semana