¿Gobierno o concierto para delinquir?
Este próximo 7 de agosto se termina el Gobierno de Gustavo Petro, catalogado sin discusión como el más nefasto de nuestra historia reciente. Lo que ha ocurrido en la cúpula de esta administración parece extraído de un libreto de terror: señalamientos de envenenamiento, sombras y dudas persistentes sobre el supuesto suicidio del coronel Óscar Dávila, chuzadas, abusos laborales, excesos, amantes con absoluto poder, violencia sexual, drogas, alcohol y una cadena inagotable de escándalos de corrupción.
Sin embargo, lo verdaderamente insólito no es la gravedad de los hechos, sino su origen. Esta radiografía caótica no la ha escrito la oposición; la han dibujado y certificado desde adentro del propio Gobierno. El mandato del “cambio” termina herido por el choque entre sus propios aliados, inmersos en un cruce de denuncias mutuas.
Nombres como los de Angie Rodríguez, Juliana Guerrero, Armando Benedetti, Carlos Carrillo, Alfredo Saade, Laura Sarabia, Augusto Rodríguez, Ángela María Buitrago, Luis Carlos Reyes, Roy Barreras, Alejandro Gaviria, Gustavo Petro, Álvaro Leyva, Olmedo López, Luis Fernando Velasco, Susana Muhamad, Sandra Ortiz, Carlos Ramón González, Vladimir Fernández, Ricardo Bonilla, Nicolás........
