Lo que es de todos
Siempre he pensado que cuando una responsabilidad o una decisión es de “todos”, termina siendo, tristemente, de “nadie”. Ahora está muy de moda evitar el conflicto, y eso hace que cada decisión corporativa, e incluso personal, deba pasar por una serie de opiniones y votos preliminares. Nada es menos pragmático y antigerencial que no asumir el cargo y las consecuencias de las responsabilidades propias.
Creería que andamos, además, en la era de los apellidos corporativos seductores. Todo tiene nombres rimbombantes y, muchas veces, responde a pura moda. Hoy, toda organización que busque proyectarse como moderna, innovadora y competitiva se define como “ágil”, “dinámica” o “de estructura plana”. El tema está en que la agilidad se convirtió en el mantra predilecto de las juntas directivas y los comités ejecutivos, pero, en el camino entre el discurso y la operación cotidiana, hemos presenciado una peligrosa distorsión de la realidad: convertimos la flexibilidad en una licencia política para la improvisación.
Lo que muchas empresas llaman agilidad no es más que caos organizado. Un entorno donde las prioridades cambian al ritmo del entusiasmo matutino del........
