La empatía es contagiosa; el autismo, no
Por años, el Estado colombiano ha sido indiferente con las personas con autismo u otra condición del neurodesarrollo, y esa indiferencia se ve reflejada en varios frentes. En el sistema de salud, que tiene muchas dificultades para hacer un diagnóstico temprano, brindar las terapias oportunas y acceder a un especialista. En educación, la mayor barrera es la falta de espacios adaptados y de formación docente para atender y potenciar las habilidades de la población autista y neurodivergente, a quienes les siguen negando el cupo en un colegio. La población adulta enfrenta dificultades para acceder a la educación superior, encontrar trabajo y recibir una atención médica adecuada. Las familias cuidadoras, en su mayoría mujeres, se sienten invisibles, agotadas de tanto lidiar con los prejuicios y estereotipos que generan rechazo y aislamiento social, a lo que se suma esa sobrecarga económica, emocional y física. De su salud mental poco se habla. Hasta el momento no había una norma que estableciera una ruta de atención integral para esta población y sus familias. Solo contaban con unos lineamientos generales de discapacidad, protocolos de control y el decreto del PIAR, que no funcionan de manera óptima porque las entidades no trabajan de manera articulada. Quienes los atienden,........
