Un terremoto, en las fauces del neoliberalismo
Si se escogiera el peor momento para un terremoto en Colombia, la respuesta sería el 10 de agosto de 2026. No solo porque es una fecha inmediata de la transición del gobierno de Petro al de Abelardo De La Espriella, sino porque la situación fiscal del país es de las peores en las últimas décadas, con una deuda pública en niveles del 60 por ciento del PIB, contratada a costosas tasas de interés. La asfixia es tanta que, por cada peso que se abona al principal, se piden prestados tres.
La experiencia histórica es que la fórmula para reconstruir una región luego de un terremoto se reduce a dos palabras: Estado y plata. Sin estos dos elementos a tope, el sufrimiento de las personas es mayor, el periodo para recomponer es más largo y la recuperación económica puede quedar a mitad de camino.
Dos reglas universales de los terremotos indican que el costo de arreglar es igual a 2 o a 2,5 veces el de lo derruido (Banco Mundial), y el tiempo de la operación de rescate se aproxima a 1.000 días por grado de intensidad del siniestro, lo que para uno de escala 7 será entre seis y diez años (ONU). Esos importes y el periodo aumentarían si los centros económicos fueron golpeados como ahora, en primer lugar, en el caso de Pereira.
Hay ejemplos recientes que ratifican lo anterior. El peor es Haití en 2010, con una intensidad de 7 en la escala........
