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«Contra los palestinos se usa la misma retórica de exterminio que se usó contra los indios norteamericanos»

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23.06.2026

Hijo de una india Ojibwe y un superviviente del Holocausto, el académico y crítico literario contradice en ‘El latido de Wounded Knee’ los mitos sobre la desaparición de los indígenas de Norteamérica y su influencia en el alma estadounidense contemporánea.

El escritor, crítico y académico David Treuer (Washington DC, 1970), elabora en El latido de Wounded Knee (Capitán Swing) un contrarrelato que se opone a la narración tradicional estadounidense sobre la derrota de los pueblos indígenas. Los indios y su cultura no desaparecieron, según documenta, con las masacres de finales del siglo XIX, sino que su cultura sobrevive y permea la vida estadounidense contemporánea.

Treuer también es, a la vez, hijo de dos comunidades oprimidas. Su madre era miembro de la nación indígena norteamericana Ojibwe —que hoy habita reservas en Minnesota— y su padre, un superviviente judío del holocausto nazi que huyó a EEUU. Esta doble condición le ha impulsado a observar y comparar las similitudes de los procesos de acoso y expulsión que han acompañado a los distintos proyectos coloniales de la historia, incluido el destilado contemporáneo que encarna Israel en la Palestina histórica. Sobre la historia, la demagogia en la política o la legitimidad de la violencia conversa con elDiario.es.

Habla de la historia de los nativos americanos como un proyecto vivo, y no como una cultura que muere en la década de 1890. ¿A qué se refiere?

EEUU está obsesionado con los pueblos indígenas, pero una cosa que la mayoría de la gente cree es que también hemos desaparecido, que todos estamos muertos. Es una paradoja. Estamos por todas partes en el imaginario estadounidense, pero no figuramos en la experiencia cotidiana de EEUU. Y eso que en el censo de 2020 había 10 millones de personas que se identificaban como nativos, que son más que judíos o musulmanes. Parto de la premisa de que no hemos desaparecido, de que la masacre de Wounded Knee en 1890 [en la actual Dakota del Sur] no fue el final, de que seguimos aquí. El libro plantea: ¿Qué hemos estado haciendo? ¿Cómo hemos estado viviendo? ¿Qué sentido le hemos dado a nuestras propias vidas? ¿Y cómo hemos contribuido a la vida y la historia de EEUU, más allá de ser simplemente víctimas de ambas?

Menciona que hubo muchos pleitos judiciales presentados por las tribus en el siglo XIX, en primer lugar contra la expulsión y, posteriormente, sobre las restricciones de la libertad de movimiento, cuando se vieron confinadas en las reservas.

Se trataba de casos de pueblos indígenas que defendían sus propios intereses y se reivindicaban como personas con derechos. Otro ejemplo es que el Tribunal Supremo, entre los años 1965 y 1995, tramitó más casos sobre la legislación federal india que sobre cualquier otro tipo de legislación. Más que sobre inmigración, más que sobre la banca, más que sobre los derechos reproductivos, más que sobre los derechos civiles. Llegó a ser una obsesión. Es solo otro ejemplo de que estamos, de forma dinámica y rotunda, no solo sobreviviendo, sino prosperando y luchando.

Pero esto no está en el debate público. ¿Por qué?

Porque la gente está obsesionada con la idea de que la vida de los indígenas es una historia trágica: que en su día, las tribus indígenas eran grandes, y luego, sobre todo a causa de las enfermedades —las cuales no fueron culpa de nadie—, desaparecimos. Si eres de ideología liberal, eso te parece triste. Y si eres conservador, te parece bien porque, como dice la expresión, “el ganador se lleva el botín”.

Pero no es cierto. Seguimos aquí, somos muchísimos y no nos limitamos a llevar vidas tristes en alguna reserva polvorienta en medio de la nada. Otro tema recurrente es que la utilidad social de los nativos americanos —o de los pueblos indígenas— es ser los sufridores de EEUU. Eso es todo: desaparecer, sufrir, alcoholizarse, ser pobres. Es una historia trágica, un mito.

Sería algo por lo que sentirse culpable, pero respecto a lo cual no se puede hacer nada en el presente.

Exacto. Y yo, que soy más o menos socialista, creo que ese relato dominante no hace más que reforzar el statu quo. Y eso no me interesa; me interesa el cambio.

¿Cree que puede haber una unidad entre los pueblos indígenas que les permita ejercer influencia política?

Eso ha ocurrido siempre. Las tribus llevan siglos........

© Rebelión