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La estrategia migratoria de la monarquía marroquí y el jardín europeo

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06.08.2026

La monarquía marroquí, en estrecha alianza estratégica con Estados Unidos y bajo la influencia del régimen sionista israelí – recordando en ello declaraciones del entorno de Benjamín Netanyahu respecto a que Marruecos debería impulsar la recuperación de Ceuta y Melilla [i] – ha impulsado una irrupción de 50 mil personas, gran parte de ellos ciudadanos marroquíes y una minoría provenientes de países del Sahel a la ciudad autónoma de Ceuta.

Ceuta es un enclave español, situado en el norte de África, a 20 kilómetros del sur español. Una acción que significó la muerte, hasta el cierre de este comentario de 67 personas. Gran parte de ellas ahogadas, como también producto de una estampida tras una carga de las fuerzas militares y policiales españolas. Hechos que contaron, con anterioridad, con el beneplácito y hasta el apoyo evidente del ejército y la policía marroquí. Fuerzas que no impidieron la irrupción fronteriza. Alentando la irrupción y superación de las vallas de control, tanto terrestres como marítimas.

Los acontecimientos no son fortuitos. Tienen el claro objetivo de la monarquía Alauí, encabezada actualmente por el rey Mohamed VI, de presionar a España y la Unión Europea en dos ámbitos estratégicos precisos: poner freno a los acuerdos energéticos entre España y Argelia (tradicional enemigo de Marruecos) y a la Unión Europea, para generar la aceptación de la ocupación y colonización de Marruecos del territorio saharaui.

Ceuta, junto a Melilla, la otra ciudad autónoma bajo dominio español en límite con Marruecos, son definidas, en su condición política jurídica internacional como territorios pertenecientes a España. Dotadas de soberanía plena y por tanto con rechazo a ser considerada en algún estatus colonial. Regiones que son, por tanto, parte componente de la Unión Europea convertida en la única frontera europea con el continente africano.

Ambos enclaves no están clasificados en el listado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como territorios pendientes de descolonización El año 1975, Marruecos, a la par que invadía el territorio del Sáhara Occidental – actual República Árabe Saharaui Democrática (RASD) – solicitó formalmente al Comité de Descolonización de la ONU que incluyera a ambas ciudades en la lista de territorios pendientes de descolonizar. Sin embargo, el organismo desestimó la solicitud y no tomó ninguna medida al respecto.

Como sí lo ha hecho, con el territorio del pueblo saharaui, con gran parte del territorio ocupado, colonizado y su población sometida, tanto a la violación de crónica de sus derechos humanos y otra parte de ella en el transtierro en el desierto argelino, en los campamentos de Tinduf.

España ejerce dominio sobre Melilla desde 1497 y sobre Ceuta desde 1580. Este último un territorio de 19 kilómetros cuadrados, heredado de Portugal y ratificada en el Tratado de Lisboa de 1668). Marruecos no reconoce la soberanía española y afirma que dichos territorios son ciudades ocupadas, en base los criterios de la continuidad geográfica y la integridad territorial.

Ambas ciudades tienen vallas fronterizas con un fuerte contingente policial y militar, con barreras que en su momento estuvieron dotadas de las llamadas “concertinas – alambres equipados con cuchillas dentadas diseñadas para engancharse en la ropa y la piel y que provocaban cortes profundos, desgarros y mutilaciones con hemorragias que llegaron a causar la muerte de decenas de inmigrantes.  Un mecanismo sustituido, a partir de las denuncias de organismos de derechos humanos, por estructuras cilíndricas invertidas en la parte superior – conocidas como «peine invertido» que dificulta el agarre para evitar que las personas escalen.

Las noticias que conocemos de Ceuta y las decenas de fallecidos nos demuestra que, en la arquitectura de las relaciones internacionales el tema fronterizo dejó de ser una simple demarcación territorial, para convertirse en un instrumento activo de presión política.

Así sucede con los anhelos de una población magrebí que, allende el Mediterráneo en su frontera sur europea mira con ojo ávido y de ensoñación el poder ingresar a la fortaleza europea, en busca de mejores condiciones de vida. En el Magreb, la política exterior liderada por el rey Mohamed VI ha consolidado una doctrina geopolítica claramente orientada a presionar a España en particular y Europa en general, con el tema migratorio. Frenando o catalizando los flujos migratorios en dirección a Europa. Utilizado por Rabat como un resorte estratégico de negociación. Los inmigrantes, en este escenario, no son personas con sueños y anhelos, son simplemente monedas de cambio.

Para políticos peninsulares, como es el caso de Gabriel Rufián, Portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados «La dictadura marroquí al servicio de Estados Unidos e Israel chantajea un verano más a España y Europa convirtiendo a su propia gente en carne de cañón arrojadiza» [ii] Una crítica que no se adentra, por ejemplo, en las políticas hipócritas de los socios europeos de España, que aprovechan en forma grotesca y oportunista los sucesos en Ceuta, para implementar aún más sus políticas restrictivas a la inmigración, sobre todo del mundo africano.

La monarquía marroquí utiliza, igualmente, no sólo la vulnerabilidad social de su población, sino también hechos políticos puntuales que apoyan su discurso colonial, como presión estratégica. Recordemos que ya el año 2021, el actual presidente de la RASD, Brahim Galli fue ingresado a un centro hospitalario español, lo que desató la furia de la monarquia alauí [iii]que tuvo como resultado, el relajar,........

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