La desobediencia
«Lo deseable no es que se cultive el respeto a la ley, sino a la justicia. La ley no ha hecho nunca a los hombres ni una pizca más justos» Henry David Thoreau.
Hay quien afirma que es la obra de teatro más representada en el mundo y su trama gira en torno a un acto de desobediencia civil protagonizado por una mujer. «Antígona» de Sófocles narra una trágica historia: muertos Polinices y Etéocles, ambos hermanos de Antígona enfrentados por el trono de la ciudad de Tebas, ella procedió a dar sepultura al primero contrariando la prohibición del rey Creonte. Para tener cabal conciencia de lo que implica la acción de Antígona, debemos detenernos en las palabras de su hermana Ismene: «Es preciso que consideremos, primero, que somos mujeres, no hechas para luchar contra los hombres, y, después, que nos mandan los que tienen más poder, de suerte que tenemos que obedecer». Claramente, en tanto mujeres deben responder a un doble mandato: el del varón, por el mero hecho de ser mujer y el del poder constituido también. La heroína encara al rey y argumenta de manera muy distinta que la de su hermana: «No pensaba que tus proclamas tuvieran tanto poder como para que un mortal pudiera transgredir las leyes no escritas e inquebrantables de los dioses». Y Antígona está movida no por el odio, sino por el amor. Creonte, por su lado, siente amenazadas las bases de su poder: «No existe un mal mayor que la anarquía (…) la obediencia, en cambio, salva gran número de vidas». Y dirige sus flechas no solamente contra la mujer («En modo alguno dejarse vencer por una mujer. Mejor sería, si fuera necesario, caer ante un hombre, y no seríamos considerados inferiores a una mujer»), sino también contra los jóvenes (refiriéndose a su hijo Hemón: «¿Entonces los que somos de mi edad vamos a aprender a ser razonables de jóvenes de la edad de éste?») y contra el pueblo mismo («¿Y la ciudad va a decirme lo que debo hacer?»). El acto piadoso de Antígona, motivado por el afán de justicia, el amor fraterno y las leyes no escritas de los dioses, es ejemplo de la desobediencia como fundamento de la libertad (Thoreau) y nos interpela a todos los que, en distintos contextos, asistimos a la demolición de los restos de las instituciones que debían custodiar la vida de los pueblos, sus derechos y libertades, aunque en la práctica nunca dejaron de funcionar como guardianes del Gran Capital, sin que por ello haya motivo de regocijo, porque lo que avizoramos en el horizonte es la emergencia de regímenes que no solo aspiran a sepultar definitivamente los restos de esas libertades y derechos, sino también borrar todo recuerdo de ellos.
Hoy, el estado de las cosas nos obliga a replantearnos conceptos tales como política, Estado, democracia, libertad, desde una perspectiva liberadora que nos permita superar miserias contemporáneas y pesadillas futuristas. Pero ¿qué hacer cuando trazas de........
