Emociones aglutinantes: la crueldad y la lucha
¿Las emociones son de derecha?
La derecha y la izquierda son, también formas de identidad emocional, afectiva y estética. Formas, diríamos, de reunir a colectivos bajo afectividades sociales aglutinantes. Al hablar de emociones, merced al imperio de un marco teórico gerencialista y eficientista promovido por las corrientes pedagógicas de la derecha, solemos remitirnos al plano individual y pensar a partir de ideas como “gestión de las emociones” o “autorregulación emocional”. Las estereotipias de la película Intensamente (Inside Out, de Kelsey Mann / Pixar de 2024, donde las emociones de una niña son encarnadas en personajes coloridos que, desde una consola computacional con botones, palancas y diales, manejan sus reacciones y configuran, como quien programa una app, su personalidad) llevan el sentido común hacia ese enfoque individualista de las emociones que, tras un largo recorrido como insumo del mundo empresarial (de la mano del best seller de Daniel Goleman Inteligencia emocional, de 1995) aterrizó en las escuelas como método blando pero efectivo de control disciplinario.1
La afectividad, sin embargo, puede pensarse, como comentan Carina Kaplan y Noemí Aizencang, como “una dimensión organizadora del lazo social, formadora de subjetividades y de modos de trato”.2 Retomando las teorías sobre las emociones de tres autoras muy relevantes de ese campo de debates (Agnes Heller, Martha Nussbaum y Sara Ahmed), subrayan “la necesidad de habilitar espacios para la comprensión y elaboración de aquello que sienten los actores de la vida escolar y la posibilidad de ligarlo con nuevos significados compartidos”, en tanto el espacio escolar “(…) puede promover culturas afectivas que funcionen como amarras simbólicas bajo una matriz sensible de reconocimiento recíproco, respeto e implicación intersubjetiva”.3
Otro artículo que me encantó de Nobile y Gamba analiza tres versiones del mandato de hablar sobre las emociones. Identifican tres narrativas diferentes: a) la de la educación emocional, la psicología positiva y las neurociencias afectivas, que busca racionalizar (para controlar) las emociones, b) la de valorar la afectividad y el cuidado en un marco de derechos (que se corresponde con la ESI) y c) la de la humanización, el amor y la ternura ante el deterioro del lazo social. Las tres buscan problematizar la escuela puramente racionalista, pero por distintas vías y distintas razones.4 Estas distinciones nos ayudan a enfocar el asunto desde una perspectiva diferenciada de la de la educación emocional gerencialista que apunta al control y a de pensar la emocionalidad que circula en torno a los significantes “izquierda” y “derecha” desde un ángulo afín al de las emociones como eventos sociales subjetivantes.
Traigamos una referencia teórica más antes de entrar a las hipótesis concretas que quiero presentar aqui. Illouz retoma y amplía localmente la noción de “estructuras del sentir” de Raymond Williams, esas formas de emocionalidad que “no son un fenómeno de índole personal o individual, aunque lo parezcan en un primer momento, [sino que son] colectivas, sociales”.5 La política, dice Illouz, da forma y está formada por dichas estructuras de sentimientos – que está por debajo del significado coherente, que es una forma compartida de pensar y sentir que influye y se deja influir por la cultura y la forma de vida de un grupo concreto – ya sea que se presenten en forma de miedo, de resentimiento, de asco o de orgullo nacional.6 Esos son los cuatro sentimientos que Illouz analiza como vectores afectivos y sociales de los populismos de derecha en nuestros tiempos. La tiranía, el racismo, el ímpetu ante el líder carismático, demandan de la articulación social de estas emociones y el nuestros tiempos, éstas se capitalizan y distribuyen de maneras muy eficaces.
Las manipulaciones emocionales que derivan en apoyos tan masivos como inexplicables por causas lógicas a líderes populistas de derecha no surgen de la nada. Dice Illouz: “Aprovechan geografías preexistentes, traumas históricos y experiencias sociales colectivas”, y continúa:
Estas mismas experiencias sociales se inscriben en la psique política, forman parte de la identidad y la composición emocional de las personas, cuando se enmarcan en narrativas que repiten y recalcan en la esfera pública diversos políticos y expertos en marketing político, y que transmiten, inconsciente o conscientemente, los medios de comunicación impresos o visuales y las redes sociales ávidas de textos llamativos. La mezcla de estas emociones forma la matriz del populismo porque generan antagonismo entre grupos sociales dentro de la sociedad y alienación de las instituciones que salvaguardan la democracia, y porque en muchos aspectos son ajenas a lo que podríamos llamar la realidad.7
Si tomamos esta idea de una afectividad social que organiza pensares y sentires de las personas respecto de aspectos de la vida en común, emergen imágenes específicas: metáforas o figuras que representan esos afectos colectivos y que funcionan como aglutinantes emotivos de los distintos grupos sociales. Para el caso de la izquierda y la derecha, entendidas no sólo como abstracciones que condensan premisas políticas sino también como estéticas y como modos de estar afectivamente en el mundo, estos aglutinantes emotivos podrían ser las ideas de “crueldad” y “lucha”: la “crueldad” como emoción convocante de la derecha extrema y la “lucha” como imagen representativa de la izquierda. Ahondemos en estas imágenes.
La crueldad como bandera emocional de la derecha
La imagen de la crueldad ha sido estudiada como mecanismo de gubernamentalidad y como analizador de las conductas sociales8. Segato habla de “contra-pedagogías de la crueldad” en tanto “actos y prácticas que enseñan, habitúan y programan a los sujetos a transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas”.9 Es decir que asociar la crueldad al pensamiento de derecha no significa que quienes suscriben en forma militante a los principios políticos de la derecha sean por definición crueles ni que ejerzan con orgullo acciones crueles (aunque en algunos casos esto sí suceda), sino que el sentimiento de la crueldad como prerrogativa de aquél que se siente vencedor, ganador, genera en esos grupos unidad e identidad.
El diccionario define a la crueldad como una cualidad de las acciones: inhumanas, guiadas por una fiereza de ánimo, carentes de toda piedad. Los análisis contemporáneos sobre la apropiación de este gesto como espectáculo del poder lo señalan como una circulación emotiva “de matriz colonial en la que el sufrimiento se canaliza hacia los cuerpos-Otros: no-blancos, no-binarios, no-masculinos”.10 La crueldad de las derechas extremas, se debe apuntar, no es crueldad a secas: es crueldad que tiene como destinatario a un sujeto social muy bien definido. En un escenario presuntamente desestatalizado, las armas apuntan contra aquellos que más necesitan del Estado como garante de derechos. Nótese que la cruzada de la derecha contra el aparato del Estado, sus posicionamientos públicos ante casos de corrupción (en Argentina, típicamente del kirchnerismo) no siempre tienen esa nota cruel. Hacia el kirchnerismo y la izquierda se dirige un discurso enardecido, un discurso ganador, pero no especialmente cruel. En el caso del gobierno de Javier Milei la crueldad se ha exacerbado, en cambio, hacia los........
