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La guerra cognitiva: control de significados y extravío colectivo en la era digital

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25.06.2026

La guerra moral o psicológica no constituye una novedad en los estudios de estrategia militar ni en la psicología social. A lo largo del tiempo ha recibido distintas denominaciones: Guerra Fría, guerra de ideas, guerra de propaganda y, en las últimas décadas, el concepto más amplio de guerra cognitiva. Más allá de las diferencias terminológicas, los especialistas coinciden en su esencia: se trata de una forma de conflicto que busca influir en el oponente, debilitar su cohesión moral y reorientar sus pensamientos, creencias y juicios, para sustituirlos por marcos interpretativos que favorezcan los intereses de quien desarrolla la operación.

Es esa sustitución de marcos la que el líder mártir de la Revolución Islámica, el ayatolá Ali Jamenei -asesinado el 28 de febrero de 2026 en ataques de EE.UU. e Israel- colocó como hipótesis fundamental. Para Jamenei la guerra cognitiva no es un complemento, es el centro de la guerra híbrida actual: «las guerras que tienen lugar por el mundo son guerras híbridas, como ustedes saben. La guerra dura, la guerra blanda, la guerra intelectual, la guerra cultural, la guerra con armas diversas, la guerra cognitiva, etc., se combinan para atacar a una nación o un país».

Su diagnóstico parte de una premisa territorial invertida y sostiene que «lo que busca el enemigo es hacerse con el dominio de los cerebros. Dominar estos es para él mucho más valioso que dominar los territorios. Si logran apoderarse del cerebro de una nación, esta entregará su territorio al enemigo sin ningún reparo. Los cerebros deben salvaguardarse». Y advertía que «uno de sus puntos vulnerables es la lucidez de ustedes. Cuando ustedes son lúcidos, ellos resultan perjudicados. Traten de incrementar su lucidez».

Hoy esta dinámica ha mutado y crecido exponencialmente gracias a la expansión de internet y las redes sociales, y se ha convertido en un mecanismo masivo capaz de generar lo que podemos definir como extravío generalizado, con la pérdida de criterio colectivo ante la avalancha de estímulos, versiones y mensajes circulantes. Para comprender su funcionamiento más profundo, recurrimos a tres referencias fundamentales del pensamiento contemporáneo, que convergen con la hipótesis de Khamenei.

El mito como herramienta de dominación simbólica

El semiólogo francés Roland Barthes, en su obra Mitologías (1957), demostró que el lenguaje no es solo un instrumento para describir la realidad, sino fundamentalmente una herramienta para construirla. Según su análisis, los discursos dominantes operan transformando hechos particulares, intereses específicos o visiones parciales en «verdades naturales», presentadas como si siempre hubieran existido y no respondieran a ninguna intención.

«El mito no oculta nada, su función es deformar, no hacer desaparecer; si pareciera........

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