Europa ensaya sus muertos
Es una mañana cualquiera de mayo de este año. Al norte de Estocolmo 500 bolsas mortuorias color burdeos llegan en convoy desde las costas del Báltico. Cada una lleva una placa con una identidad. Huele a cuerpos en descomposición. En grandes carpas blancas se registran los nombres y se comunican a las autoridades, las embajadas o el Comité Internacional de la Cruz Roja. Seguidamente las bolsas son depositadas una junto a otra en fosas abiertas junto a la iglesia de Väddö. Un sacerdote pronuncia unas breves palabras: “Has caído por Suecia. Has cumplido con tu deber, que queda reconocido. El entierro se realiza por necesidad y es provisional. Descansa y espera aquí”.
Pero sucede que nadie ha caído por Suecia y en las fosas no hay muertos. La escena formó parte de Aurora 26, un gran ejercicio militar celebrado esta primavera en el país escandinavo, con la participación de unos 18 mil efectivos de 13 países. Por mucho tiempo Suecia cultivó un perfil internacional asociado a la neutralidad, el no alineamiento y la mediación diplomática. Desde marzo de 2024 es miembro de la OTAN y Aurora 26 ha sido su primera gran maniobra como aliado para probar los planes operativos del país y desarrollar la cooperación con los demás aliados ante una amenaza militar grave. Durante generaciones el conflicto bélico parecía estar limitado a otras latitudes, pero ahora vuelve a contemplarse como una posibilidad cercana.
Observada desde un país como México, donde las fosas comunes forman parte de una realidad dolorosa y cotidiana, la escena de Väddö puede resultar chocante.
A diferencia de las fosas vacías y los muertos artificiales de nombres inventados en Suecia, en México las fosas son reales y con frecuencia el reto........
