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Medio siglo de una herida... el golpe a Excélsior, sin olvido ni rencor

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Por Gustavo Mota Leyva

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Una herida que no sana, infecta y se pudre. Una herida no cicatrizada, mata. Una herida que deja marca, puede ser huella para el recuerdo. No olvidar es una forma de valentía, sobre todo cuando el olvido es una forma de traición. Para el psicoanálisis, el trauma es un golpe que no se olvida ni se recuerda pero que habita en el inconsciente y se manifiesta como síntoma, algo que incluso doliendo, se repite. De ahí que haya golpes que producen moretones, resentimiento y/o rectificación; hay golpes que tumban pero no silencian y hay heridas que producen vileza y maldad, pero también y a veces, honorabilidad y rectitud. El golpe a Excélsior, perpetrado por el presidente Luis Echeverría hace 50 años, fue un golpe que partió y fundó la historia de un nuevo periodismo que encarnaría el hombre a quien calumnió y golpeó, Julio Scherer García, entonces director del que sí fuera el periódico de la vida nacional.  

Es común golpear desde el poder, como improbable olvidar desde la vulnerabilidad. El verdugo triunfa cuando condena a su víctima al odio y al rencor. No fue el caso de Don Julio, quien no utilizó la venganza como justicia ni el rencor como cura. Él golpeó con datos, investigación y denuncia periodística; su gran y único poder fue su prestigio y reputación indeleble. No sabemos si llegó a perdonar aquella traición ejecutada por Regino........

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