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Elogio de la duda

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05.10.2026

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- México vive el tiempo de las certezas. Desde el poder se dicta qué es verdad. Desde la oposición se responde con la misma seguridad y el signo contrario. En medio, la duda ha perdido prestigio: quien matiza parece tibio; quien pregunta, sospechoso. Bertrand Russell observó en 1933, en esencia, que los necios están seguros de todo y los inteligentes, llenos de dudas. El fenómeno no es solo cultural. Tiene consecuencias jurídicas. El orden constitucional está construido sobre la duda: la presume a favor del acusado, la institucionaliza en los contrapesos y la protege en las libertades. Cuando la duda se castiga, los derechos se debilitan.

Primero. El derecho penal moderno nace de una desconfianza: la del ciudadano frente al poder punitivo del Estado. Por eso la Constitución obliga a presumir la inocencia mientras no exista sentencia que declare la responsabilidad. Por eso el Código Nacional de Procedimientos Penales solo permite condenar cuando el tribunal adquiere convicción más allá de toda duda razonable. Y rige un principio antiguo: in dubio pro reo. Ante la duda, se absuelve. Descartes convirtió la duda en método: solo lo que resiste el examen puede tenerse por cierto. El proceso penal adoptó esa lección. La condena exige una certeza que sobreviva a la duda.

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No es una concesión al delincuente. Es una protección para el inocente. El sistema prefiere el riesgo de liberar a un culpable antes que el de condenar a quien no lo es. En materia penal, la duda no es debilidad del juzgador: es su deber.

El proceso acusatorio lleva esa lógica a su estructura. El principio de contradicción obliga a que cada prueba sea confrontada por la contraparte. Ninguna versión vale por la autoridad de quien la dice. Vale si resiste el examen. La carga de la prueba corresponde a quien acusa, no al acusado. Invertirla es convertir la sospecha en sentencia. Y la prueba obtenida mediante tortura no es dudosa: es nula. El sistema no admite certezas fabricadas.

Por eso resulta problemática la prisión preventiva........

© Proceso