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Nicaragua: un grave error político

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31.07.2026

Daniel Ortega de Nicaragua está cometiendo muchos errores; resalto tres; son mayúsculos: uno, el haber permanecido en el poder, sin reconocer que la mente humana, por el paso del tiempo, se anquilosa y pierde su capacidad de discernir; el segundo, haber incorporado en el mando a su mujer: Rosario Murillo, como copresidenta, y el tercero, el más grave: haber terminado con una esperanza o ilusión: la que deriva de las elecciones periódicas, como vía para acceder al poder público y conservarlo.

Han incurrido en el error de muchos los políticos, sobre todo los de izquierda: considerarse insubstituibles, ser representantes únicos y verdaderos de la ortodoxia. En el caso no importa la ideología que se toma como pretexto para alcanzar y retener el poder; izquierda, derecha o de centro. No hay excepciones.

Los izquierdistas, inciden en otro error: considerar que, por el hecho de serlo, cuando están en el poder, son infalibles. Como consecuencia de lo anterior, todos, incluso sus partidarios, tienen derecho a la existencia y a la libertad a condición de que los reconozcan como lo máximo y eternos. El tiempo, el adoctrinamiento en todos los niveles y la represión de los insumisos hacen su trabajo. Los consolidan en el poder, en la medida en que lo son las cosas humanas.

He aludido a un error grave. Un gobernante, por más absoluto o poderosos que sea y firme que se encuentre en el poder, no puede, sin riesgo, suprimir una ilusión: las elecciones periódicas. Si se aparenta que ellas son libres y en igualdad de condiciones, mejor. Los Ortega han eliminado las elecciones y, con ello, han matado una esperanza: la del cambio pacífico y ordenado; lo han hecho en el momento menos oportuno: cuando ocupa la presidencia de los Estados........

© Proceso