Las reglas no cambian por las emociones
Vivimos en una época en la que las emociones suelen ocupar el primer lugar en nuestras decisiones, cuando algo nos alegra sentimos que todo está bien, pero cuando la frustración, la rabia o la tristeza aparecen, también surge la tentación de creer que las normas deberían adaptarse a nuestro estado de ánimo. Esa forma de pensar es comprensible desde lo humano, aunque profundamente equivocada, porque las reglas existen precisamente para mantener el equilibrio cuando las emociones amenazan con romperlo. El deporte nos recuerda esta realidad una y otra vez, convirtiéndose en una de las mejores escuelas para aprender que la justicia no puede depender de lo que cada quien siente en un momento determinado.
Es frecuente observar a un jugador reclamar una decisión arbitral convencido de que ha sido perjudicado, así como también es común escuchar a un aficionado afirmar que el........
