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Laureano Benítez: «Carta de «Lobo Sentado» al presidente de los «HDGP»»

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31.08.2026

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Corría el año de 1854 cuando el decimocuarto presidente de los Estados Unidos ―Franklin Pierce, de tendencia esclavista y expansionista―, envió una carta a Noah Seathl, jefe de la tribu «suwamisu», con la intención de hacerle una oferta para comprarle los territorios del noroeste que hoy forman el estado de Washington, dejando a su tribu en una reserva. La respuesta del jefe indio no se hizo esperar: ese mismo año dio un discurso dirigido al gobernador territorial Isaac I. Stevens, conocido hoy como la Respuesta del jefe Seattle.

La respuesta de este jefe indio se convirtió desde la década de los 70 del siglo pasado en un manifiesto de la Ecología, pero ahora, en estos tiempos de apocalipsis, se puede adaptar este manifiesto para que sea un llamamiento a la lucha por la libertad, que los malnacidos HDGP pretenden arrebatarnos con su parafernalia totalitaria.

Y el manifiesto quedaría más o menos así:

«El gran jefe de los HDGP quiere mercadear con la libertad, con palabras como «seguridad», «bien público», «emergencia», «alerta», «bien común»… asegurando que nos quiere arrancar nuestros derechos para asegurarnos la felicidad.  Esto es muy amable de su parte, puesto que nosotros sabemos que él tiene muy poca necesidad de nuestra felicidad como seres humanos. Pero los lobos sentados rechazamos canjear nuestras libertades naturales, aunque los HDGP vengan con sus rifles y tomen nuestras propiedades.

El gran jefe de HDGP  puede contar con la palabra del gran «Lobo Sentado», de que jamás le entregaremos nuestra dignidad de seres humanos, como pueden contar con el retorno de las estaciones. Mis palabras son como las estrellas, nada ocultan.

¿Cómo se puede robar la libertad, apropiarse de los derechos naturales de los seres humanos? ¿Cómo se puede prohibir que respiremos el aire puro de los campos, que salgamos a los espacios infinitos para sentir la tierra bajo nuestros pies? Esta idea es extraña para el pueblo de los lobos sentados. Si los HDGHP no son dueños de la frescura del aire o del resplandor del agua, ¿cómo nos lo pueden dar a cambio de convertirnos en una tribu estabulada, como si fuéramos ganado?

Nosotros decidiremos nuestro destino. Cada parte de esta tierra, cada átomo de vida es sagrado para mi gente; cada brillante espina de pino, cada orilla arenosa, cada rincón del oscuro bosque, cada claro y zumbador insecto, es sagrado en la memoria y experiencia de mi gente; cada derecho, cada libertad, cada pensamiento, cada emoción, cada lágrima, cada beso, cada risa, cada latido del corazón, cada respiración… Todo eso es nuestro, nos pertenece desde nuestro nacimiento, y ningún HDGP nos lo podrá robar jamás, nunca, nunca…

Nosotros sabemos que los HDGP  no entienden nuestras costumbres, nuestra vida de lobos sentados, porque para ustedes un ser humano........

© Periodista Digital