Juan Pérez de Mungía: «Erre que erre: La inversión cínica del clima y la demolición programada de España»
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La situación es tan grave que miles de ciudadanos ya le cantan a la cara lo que es: hijo de puta. Y él, erre que erre, exige un pacto por el cambio climático o lo que caiga: pacto de epidemias, pacto de danas. Como si el fuego que ha arrasado Almería, Aragón, que arrasa Madrid, Castilla-La Mancha y Castilla y León fuera un capricho de la atmósfera y no el resultado directo de sus políticas de demolición del campo, de dejadez con alevosía, de abandono deliberado del sector primario y de la destrucción sistemática de los medios de vida de la España vaciada. 125.937,66 hectáreas de momento. Él es el capricho, él cree en el cambio climático, porque el cambio climático es él. Sánchez, lobo él mismo, cree en los lobos y en los osos para que nadie pasee por los bosques, no cree ni en las ovejas ni en las vacas que alimentan su mesa, en detrimento de quienes no pueden pagarse la carne. Este tipo es un canalla de libro, un canalla criminal al que temen los tribunales con una acumulación de evidencia inculpatoria que le señalan. Un miserable fanático que calcula con precisión la miseria que impone. El factotum de la cittá, el mercader de la carne criminal. La naturaleza no es la culpable. La naturaleza es el escenario. El incendiario es él. La solución a los incendios, el confinamiento de la población. Otra vez. Otra vez las mascarillas de los comisionistas de oficio. Y pacto. Hay que someterse a la voluntad de la deidad, que es él, el cambio climático. El aciago demiurgo. Nada ni nadie puede oponerse. Las lenguas de fuego que arrebatan vidas y nuestro patrimonio natural no pueden combatirse porque son la voluntad del sátrapa para imponer su narrativa, la narrativa de su religión de destrucción. “Oponerse es inútil,” repite mientras con cara de cemento armado justifica su incompetencia, el “cambio climático mata” dice y en eso tiene razón porque él es el profeta de la destrucción, se nutre de la apocalipsis.
Esta es la inversión cínica en su forma más pura y más letal. El mismo poder que deja los montes sin limpiar, que asfixia a los agricultores con impuestos, normas y desprecio, que convierte el mundo rural en un cementerio de pueblos y de oficios, se pone luego el traje de salvador ecológico y señala al cielo. “El clima”, dicen. “La emergencia”, repiten. Mientras tanto, la deuda pública supera los 1,7 billones, los incendios matan más que el terrorismo y la prensa del régimen dedica portadas a explicar por qué el burkini es un derecho y por qué los jueces que investigan a Begoña Gómez no son imparciales. Todos los jueces son Peinado. No importa cuán evidente sea la realidad, que estos mafiosos, traidores y asesinos del gobierno, y a la cabeza Sánchez la revierten y retuercen de tal manera, que se imponen ante la perplejidad general.
El mecanismo es conocido. Quien sojuzga la democracia ensalza la democracia. Quien destruye el territorio predica la protección del territorio. Quien convierte el Estado en patrimonio familiar habla de “no dejar a nadie atrás”. La fórmula ya no es retórica: es método de gobierno. La prensa cómplice —papel mojado con tinta seca— no informa: construye el relato oficial. El País y sus epígonos relativizan la amnistía, presentándola como “perdón” y “normalización” cuando no es más que el precio del poder. Silencian o endulzan la lluvia de delitos que rodea a la familia del presidente y a José Luis Rodríguez Zapatero, ese estafador cínico que ahora pide a Hacienda que paralice las........
