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La teoría de la elección racional en criminología sostiene que los seres humanos, cuando cometen delitos, actúan de manera calculada para maximizar beneficios y minimizar costes, evaluando de forma intencionada las oportunidades disponibles, los riesgos de no quedar impunes y la magnitud y probabilidad de obtener recompensas. Inspirada en pensadores clásicos como Cesare Beccaria y Jeremy Bentham, y desarrollada en el siglo XX por autores como Derek Cornish, Ronald Clarke y especialmente Gary Becker, esta perspectiva rechaza tanto las explicaciones puramente patológicas tanto como las sociológicas deterministas. El delincuente no es un enfermo irremediable ni una víctima pasiva de su entorno, sino un actor que, en circunstancias concretas, decide que el crimen resulta funcional para sus objetivos. Esta lógica se aplica tanto a la violencia instrumental privada, como en los casos de parricidio, como a la violencia institucional desplegada para conquistar y mantener el poder, donde el caos, la despersonalización del otro y la compra de voluntades se convierten en herramientas racionales, en los que no cabe ni emoción ni moral.
En los casos de parricidio que han ocupado la atención pública recientemente, como el de Jonathan Andic, acusado de la muerte de su padre Isak Andic durante una excursión en Montserrat en diciembre de 2024, o el de Nick Reiner, señalado por el apuñalamiento de sus padres Rob y Michele en Los Ángeles en diciembre de 2025, se observa con claridad este cálculo racional. Jonathan Andic busca anular indicios que incluyen visitas previas al sendero en días anteriores, contradicciones en sus declaraciones, una huella que los peritos consideraron resultado de una acción deliberada y un móvil económico vinculado a la herencia, el control del imperio Mango y posibles cambios en el testamento o la fundación familiar. Para Andic, su defensa debe cuestionar los motivos de sospecha que facilitan una inferencia racional por parte del juzgador donde el padre podría haber dejado de ser un vínculo afectivo para convertirse en un obstáculo concreto a su posición económica y de poder dentro de la estructura familiar. Los beneficios esperados —acceso inmediato o asegurado al patrimonio, eliminación de fricciones en la sucesión— superaban los costes percibidos: la oportunidad era alta por su condición de hijo con acceso como un actor de la organización, la vulnerabilidad de la víctima se daba en un entorno aislado durante una excursión, y la dilación temporal del castigo, junto con la posible ausencia inicial de pruebas concluyentes, reducían el riesgo efectivo. Sin contar la vulnerabilidad de su padre a esgrimir convenientemente en un juicio con jurado. De manera similar, Nick Reiner, que permanece en prisión preventiva, ha solicitado acceso a un fideicomiso familiar creado en 1992 para sufragar su defensa, revelando cómo la supervivencia económica y legal del hijo depende de recursos controlados previamente por los padres. En ambos ejemplos, la relación familiar se transforma en una lucha de poder donde el progenitor se convierte en medio sacrificable para garantizar la renta y la seguridad futura del autor.
Esta instrumentalización no requiere necesariamente una enfermedad mental grave como explicación principal. Aunque las tipologías criminológicas de Kathleen M. Heide distinguen entre el niño severamente abusado, el enfermo mental grave y el peligroso antisocial, en parricidios cometidos por adultos predomina el perfil instrumental, donde la motivación económica o de control prevalece sobre delirios o traumas infantiles evidentes. La teoría de la elección racional cuestiona las explicaciones psicologistas o médico-psiquiátricas dominantes, que tienden a medicalizar conductas funcionales aprendidas en entornos de impunidad. Como señaló Gary Becker,........
