Premio Labor social
Zapatero, atrapado: La SEPI borró documentos del rescate a Plus Ultra tras arrancar la investigación
Si hubiese un premio nacional a la labor social en la España aún poblada habría que dárselo a los bazares chinos, gracias a los cuales los habitantes de pequeños pueblos adquieren de todo a precios asequibles y no quedan desamparados y avocados al vacío.
Son el almacén y el colmado de antaño, en donde el ciudadano de pequeñas localidades, generalmente mayor y con poca movilidad y escasas comunicaciones con la ciudad, puede solucionar sus necesidades básicas de ropa, comida, menaje, herramientas de todo tipo, insumos de costura, pintura y cientos de elementos que ofrecen estos establecimientos entre sus estrechos, largos y abigarrados pasillos, regidos por matrimonios chinos encantadores, siempre sonrientes, que trabajan todo el día, los siete de la semana, y tienen hijos a los que crían, educan y hablan perfectamente mandarín (pù tó nghuà), español e inglés. El mundo es de ellos.
Y si los políticos se preocupasen de verdad del ciudadano y de sus necesidades básicas, aplicarían una fiscalidad especial a estos trabajadores infatigables, tanto en el IRPF como en el IBI y demás gravámenes nacionales, autonómicos, provinciales y municipales. Como deberían hacer con los agricultores, ganaderos, fontaneros, carpinteros, electricistas, albañiles y otros menestrales que crean riqueza y dan servicios esenciales a los habitantes de esos pueblos. Y que también soportan impuestos extractivos, injustos y perniciosos para el mantenimiento de la vida cotidiana del rural. ¿Acaso no podrían recibir la pensión contributiva que les corresponda cuando se jubilen y seguir trabajando sin tener que renunciar a la mitad de la pensión? ¿O que queden exentos de impuestos a partir de ese momento y mientras continúen criando ganado, sembrando campos y reparando casas, puertas, ventanas, desagües, grifos, enchufes,........
