Federico Sánchez Arias: «Más allá de la muerte biológica»
Ese maestro del arte de la vida que fue Leonardo Da Vinci, bien afirmaba que “mientras pensaba que estaba aprendiendo a vivir, he aprendido como morir”. Ser conscientes que vamos a morir es una de las realidades más certeras de nuestra existencia.
Comencemos por el principio. Desde que el ser humano adquirió conciencia como tal, desde que las criaturas humanas de la especie Neandertal en vez de desechar los cadáveres de sus congéneres, los sepultaban ceremonialmente, la andadura racional constituye un duro esfuerzo intelectual por descifrar el enigma más constante y real que representa la propia finitud de la especie: la muerte.
En los tiempos pretéritos de nuestra historia, la personalidad humana no sólo se interesaba en la vida después de la muerte, aún más, la aguardaba con esperanza o temor, lo que posibilitaba que ambas emociones lo indujeran a ahondar en el fenómeno. ¡Qué diferencia respecto a la actualidad!
No es de extrañar que exista una pugna, un constante deseo de trascendencia, que supere esa sensación de caos final que aparece con las primeras manifestaciones del cese de la vida. La propia responsabilidad inherente a la conducta humana lleva a sensibilizar el tejido que constituye su frágil estructura de ser pensante, remueve los cimientos del edificio que sostiene toda su personalidad, le conduce a una duda angustiosa basada en la incertidumbre.
Hoy día, vemos un cambio sustancial de actitud frente al cese de la vida. Efectivamente, todo parece ir debidamente encaminado a un proceso de prolongación de las facultades vitales; existe una poderosa tecnología consagrada a la subsistencia. Con frecuencia, es factible encontrarnos ante una prolongación mecánica, artificial del ser humano, al que conscientemente se le priva de la participación en el último acto de la conciencia, en esa experiencia extrema.
Existe un claro contraste entre las culturas de sociedades desarrolladas tecnológicamente y las de menor desarrollo, incluidas las culturas antiguas y orientales, donde la muerte es considerada y juzgada como una parte importante del proceso de la vida. Saber morir requiere un aprendizaje como, igualmente, lo requiere el vivir: aprender a morir es considerado un aspecto integral del vivir, de la existencia.
Vida y muerte son cara y cruz de una misma realidad. A lo largo de la historia del pensamiento universal, la filosofía y la muerte van unidas como pueden ir la filosofía y la vida. Platón afirmó que la filosofía es una meditación sobre la muerte. Pero si bien el hombre es para la física o las ciencias naturales un eslabón más de la cadena de la naturaleza, como es obvio,........
